Uruguay: La excepción laica en un continente de fervor religioso
Mientras que en la mayoría de América Latina las procesiones, el ayuno y el fervor religioso paralizan ciudades enteras durante la Semana Santa, existe una nación que decidió caminar en dirección opuesta hace más de un siglo. Uruguay, el vecino laico del Cono Sur, ostenta un título singular: es el único país de la región que no celebra oficialmente esta festividad religiosa.
Un divorcio histórico: La Ley de 1919
Para comprender por qué los uruguayos no mencionan "Jueves Santo" en sus documentos oficiales, debemos remontarnos al año 1919. Bajo la influencia de José Batlle y Ordóñez, una figura política que transformó al país en una de las democracias más liberales del mundo, se promulgó una ley de feriados que secularizó completamente el calendario nacional.
En aquel entonces, Uruguay determinó que las festividades cristianas debían perder su carácter oficial. Así, el día de la Virgen se convirtió en el Día de las Playas, la Navidad pasó a ser el Día de la Familia y la Semana Santa fue rebautizada como la Semana de Turismo.
Tradiciones seculares durante la Semana de Turismo
A pesar de la ausencia de un carácter oficial religioso, Uruguay no permanece estático durante este período. Al contrario, la Semana de Turismo es uno de los momentos de mayor movimiento interno en el país, pero con tradiciones que distan mucho de los viacrucis tradicionales:
- La Vuelta Ciclista: Uno de los eventos deportivos más importantes del país se desarrolla durante estos días, recorriendo gran parte del territorio nacional.
- La Semana de la Cerveza: En la ciudad de Paysandú, miles de personas se reúnen para uno de los festivales más grandes de la región, donde la música y la gastronomía son los protagonistas.
- Turismo de Estancia: Muchos ciudadanos aprovechan para viajar al interior profundo, dedicándose a la caza, la pesca o la vida de campo, lejos de cualquier ritual litúrgico.
Una isla de laicismo en un continente creyente
El caso uruguayo sigue siendo objeto de estudio para sociólogos. Mientras que en países como Colombia la Iglesia Católica conserva una influencia notable en la agenda pública, en Uruguay aproximadamente el 60% de la población se identifica como no religiosa, agnóstica o atea, según las métricas más recientes de 2026.
Sin embargo, esto no significa que la fe esté prohibida. Las iglesias celebran sus misas y los fieles viven su espiritualidad con libertad, pero lo hacen en el ámbito estrictamente privado. En las calles de Montevideo no se observan grandes despliegues de santos ni cierres de vías por motivos religiosos pagados con fondos públicos.
Uruguay demuestra que es posible detener la marcha del país para el descanso sin necesidad de un motivo sagrado. Para ellos, no es la semana de la pasión, sino la semana de la libertad, el viaje y, por supuesto, el asado con amigos.



