Guerra en Irán revela el verdadero desafío alimentario mundial
Durante años, activistas climáticos han sostenido que el suministro global de alimentos enfrenta graves amenazas debido al cambio climático provocado por el uso excesivo de combustibles fósiles. Sin embargo, irónicamente, el conflicto en Oriente Medio está demostrando que el mayor desafío alimentario actual es precisamente la falta de acceso a esos mismos combustibles fósiles.
La dependencia crítica de los fertilizantes
En la actualidad, aproximadamente la mitad de todas las calorías que consumen los seres humanos, provenientes de proteínas, carbohidratos y grasas, solo son posibles gracias a la producción con fertilizantes artificiales, los cuales en su gran mayoría se fabrican a partir del gas natural. Sin los combustibles fósiles, la mitad de la población mundial enfrentaría una grave escasez de alimentos.
El bloqueo del estrecho de Ormuz debido al conflicto en Medio Oriente no solo está provocando aumentos en los precios mundiales de la energía. Más significativamente, está reteniendo gran parte de los fertilizantes que normalmente transitan por esa vía marítima, afectando directamente la producción agrícola global. La ONU estima que esta situación podría elevar los precios de los fertilizantes entre un 15% y 20%, empujando a al menos 45 millones de personas adicionales hacia una situación de hambre severa.
Un enfoque erróneo según expertos
Durante décadas, se ha repetido constantemente que el uso de combustibles fósiles representaba el gran desafío para el abastecimiento alimentario mundial debido al calentamiento global. Sin embargo, análisis recientes sugieren que esta afirmación es casi totalmente errónea.
Bjørn Lomborg, presidente del Copenhagen Consensus Center, argumenta que hemos perdido de vista uno de los mayores logros de la humanidad en la era moderna: nuestra capacidad para abordar la seguridad alimentaria. En los últimos 125 años, los alimentos se han vuelto considerablemente más baratos y abundantes gracias al aumento de la productividad y la innovación agrícola.
Datos que contradicen el alarmismo
Los datos históricos revelan una historia de avances notables:
- En 1928, más de dos tercios de la humanidad padecían hambre constante
- Hoy, menos de una de cada diez personas en el mundo pasa hambre
- La producción de cereales se ha quintuplicado desde 1926
- Los precios mundiales de alimentos se han reducido a más de la mitad en términos reales
Este progreso ha evitado que más de 4.000 millones de personas pasen hambre, demostrando el poder del ingenio agrícola y el crecimiento económico.
El caso problemático de la agricultura orgánica
Organizaciones no gubernamentales y activistas occidentales, bien alimentados pero excesivamente preocupados por el cambio climático, han criticado los fertilizantes artificiales por estar basados en combustibles fósiles. Con apoyo de donantes y fundaciones, sugieren que África debería adoptar la agricultura orgánica, a pesar de evidencia que demuestra que esto reduce las cosechas y la seguridad alimentaria.
Cuando Sri Lanka implementó la agricultura orgánica en 2021, la producción de arroz -alimento básico del país- se desplomó en más de un 30%, con otros cultivos registrando caídas similares.
Impacto real del cambio climático
Mientras los activistas climáticos pintan un panorama desolador donde el aumento de temperaturas arrasa con cultivos y agrava hambrunas, estudios revisados por pares estiman que el efecto del cambio climático sobre la agricultura reducirá el producto interno bruto mundial en menos del 0,06% para finales de siglo.
Incluso en un escenario de calentamiento extremo, las calorías alimentarias mundiales seguirían aumentando, aunque en un porcentaje ligeramente inferior. Sin el cambio climático, se prevé que las calorías alimentarias aumenten un 51% para 2050 respecto a los niveles de 2010.
Consecuencias de políticas climáticas agresivas
Las reducciones drásticas de emisiones representan una mala política si el objetivo es mejorar la seguridad alimentaria. La política climática es una herramienta poco precisa y extremadamente costosa:
- Las medidas más agresivas tardan décadas o siglos en influir apreciablemente en el clima
- Tienen un costo estimado de cientos de billones de dólares
- Mientras tanto, la disponibilidad de calorías aumentaría menos del 0,1%
Estudios minuciosos demuestran que un futuro con bajas emisiones y precios elevados del carbono se traduciría en 50 millones más de personas pasando hambre para mediados de siglo.
La verdadera solución según expertos
La guerra en Irán ha evidenciado que la crisis alimentaria y climática no es más que una distracción. Para acabar con el hambre en países en desarrollo, las poblaciones más vulnerables no necesitan costosas reducciones de emisiones de carbono ni obligaciones de agricultura orgánica impuestas por activistas de países ricos.
Lo que realmente necesitan es un mayor acceso a fertilizantes a precios asequibles, combustible para maquinaria agrícola y tecnologías que aumenten la productividad. Dar prioridad al crecimiento económico resulta más de 100 veces más efectivo que las políticas climáticas agresivas, aumentando el acceso a alimentos en más de un 10% en cuestión de años, no de siglos.
El conflicto en Oriente Medio ha dejado claro que mientras el mundo debate sobre cambio climático, el verdadero desafío alimentario sigue siendo básico y concreto: garantizar que los agricultores tengan acceso a los insumos necesarios para alimentar a la población mundial.



