El Instituto de Ciencias Agroindustriales y del Medio Ambiente (ICAM), ubicado en Ubaté, Cundinamarca, ha sido reconocido como uno de los cinco mejores colegios del mundo. Este logro, sin precedentes para una institución educativa colombiana, destaca el modelo pedagógico innovador y el impacto social que ha tenido en la comunidad.
Un santuario de vida
Al llegar al plantel, escondido entre arrayanes a las afueras del casco urbano, los visitantes son recibidos con un verso que recita Camilo Alonso, alumno de décimo grado: “Bienvenidos los señores, a esto que fue una mina. Hoy, con mis manos y mi mente es un santuario de vida”. Esta frase no es solo un saludo, sino una proclama que resume el orgullo de los 424 estudiantes del ICAM.
Transformación de un pasado minero
El colegio fue construido sobre lo que antes era una explotación minera. Hoy, ese mismo lugar se ha convertido en un espacio de aprendizaje y conservación ambiental. Los alumnos participan activamente en proyectos agroindustriales y de cuidado del medio ambiente, integrando la teoría con la práctica.
Reconocimiento internacional
El ICAM fue seleccionado entre miles de instituciones de todo el mundo para el Global Schools Prize, que premia a los colegios que promueven una educación transformadora. El jurado destacó el enfoque en la sostenibilidad, la participación comunitaria y la superación de las dificultades económicas y sociales de la región.
Un modelo educativo único
El modelo pedagógico del ICAM se basa en el aprendizaje experiencial y el emprendimiento. Los estudiantes no solo adquieren conocimientos académicos, sino que también desarrollan habilidades prácticas en agricultura, tecnología y gestión empresarial. Esto les permite generar ingresos para sus familias y contribuir al desarrollo local.
Orgullo de Ubaté
La comunidad de Ubaté celebra este reconocimiento como un hito para la educación rural en Colombia. El rector del ICAM, junto con el cuerpo docente y los estudiantes, ha trabajado incansablemente para demostrar que la educación de calidad es posible incluso en contextos adversos.
El ICAM es un ejemplo de cómo la educación puede transformar realidades. De ser una zona marcada por la minería, hoy es un santuario de vida y conocimiento que inspira a todo el país.



