Violencia en Univalle: ¿Quién ejerce el control real en la universidad?
Recientemente ocurrió un hecho perturbador que, para quienes padecieron sus consecuencias directas y para muchos otros que se enteraron a través de imágenes en medios de comunicación y redes sociales, recordó algunos de los episodios más lamentables de destrucción y vandalismo durante el llamado 'estallido social' de 2021 en Cali.
Esa noche del miércoles 8 de abril de 2026, lo que debía ser una movilización estudiantil vigorosa pero pacífica -conocida como 'La marcha de las antorchas'- degeneró en actos de vandalismo por parte de grupos encapuchados en siete estaciones del sistema MIO. Particularmente afectadas fueron varias estaciones que cubren distintas rutas por la calle 5, dejando a cientos de personas que regresaban de sus trabajos -probablemente habitantes de sectores populares como Siloé, Nápoles o Meléndez- sin transporte público y obligándolas a caminar o buscar alternativas para llegar a sus destinos.
Las preguntas que surgen en medio del caos
En medio de la molestia, frustración y enojo de mujeres, adultos mayores, niños y población en general que iniciaban su recorrido a pie, surgían interrogantes fundamentales:
- ¿Por qué protestan los estudiantes?
- ¿Es que no pueden hacerlo pacíficamente sin destruir lo que es de todos?
- ¿Dónde están las autoridades para prevenir, cuidar y proteger estos bienes y a la ciudadanía?
- Y una inquietante pregunta adicional: ¿quién manda realmente en la Universidad del Valle?
Todos estos interrogantes son válidos y merecen respuestas urgentes y contundentes.
El contexto de las demandas estudiantiles
Es importante comenzar señalando que existe una larga lista de asuntos que la comunidad universitaria, especialmente la estudiantil, ha venido demandando que sean atendidos y resueltos. Esta lista incluye:
- Temas de bienestar universitario
- Cuestiones académicas y financieras
- Violencia de género
- Garantías de seguridad
- Reclamos por un manejo transparente de los recursos
Se trata de problemáticas que vienen acumulándose desde tiempo atrás, algunas de las cuales han alcanzado niveles de crisis insostenibles, sumadas a otras nuevas que han emergido recientemente. Frente a esta situación, existe un reclamo muy fuerte y directo hacia las directivas universitarias, acusadas de no solucionar los problemas ni dar la cara ante la comunidad.
En este contexto se ha planteado un cese de actividades académicas -conocido como asamblea permanente- que se extendería hasta el 24 de abril de 2026, habiendo iniciado ya tres semanas antes.
El problema de los métodos violentos
Si bien existen buenas razones para hacer visibles estas problemáticas y esperar soluciones de parte de quienes corresponden, el verdadero debate gira en torno al método empleado. La pregunta fundamental es si un cese de actividades contribuye realmente a encontrar soluciones o termina siendo simplemente un mecanismo de presión que, en última instancia, afecta a la mayoría de la comunidad universitaria, especialmente al propio estudiantado.
Sin embargo, en lo que sí debería haber unanimidad absoluta es en excluir el uso de medios violentos para tramitar esta conflictividad. Ya es bien conocida la presencia de minúsculos grupos de encapuchados que suelen salir semanalmente -especialmente los jueves de 'tropel'- por los alrededores del campus del sur de la ciudad, interrumpiendo el tránsito vehicular (incluida la circulación del MIO, afectando nuevamente a los sectores populares) y enfrentándose a la Fuerza Pública.
Ya no es aceptable, ni creíble, seguir atribuyendo estos episodios de violencia a "gente externa a la Universidad". Esta excusa ha perdido toda validez ante la recurrencia de los hechos.
La autonomía universitaria en entredicho
Existe un asunto medular que es el de la autonomía universitaria. Este valor y principio gira en torno al gobierno autónomo del campus, pero ha derivado en interpretaciones problemáticas por parte de algunos sectores que consideran que dicha autonomía significa la ausencia total de control y orden dentro de la universidad, especialmente de un régimen de autoridad reconocida y aceptada.
"Entonces hay momentos en los que sí, pareciera que la universidad funciona con normalidad, se respetan las reglas, pero hay otros donde las autoridades universitarias pierden completamente el control de un campus que, además, es muy grande", coinciden en señalar distintas voces dentro de la misma institución.
El cansancio de la ciudad y la necesidad de diálogo
La ciudad de Cali está cansada. Siempre nos hacemos la misma pregunta: ¿Qué dejan el tropel y el uso de la fuerza y la violencia? Algunos grupos minoritarios intentan justificarlo, pero la mayoría de la comunidad los rechaza, aunque con un problema significativo: buena parte de esa comunidad no reacciona, permanece silenciosa, indiferente o incluso se siente atemorizada.
Como también se ha escuchado -y esta es la perspectiva correcta-, la solución a buena parte de estos problemas es el diálogo constructivo. Se necesita promover y acatar un acuerdo que comprometa a todos los estamentos universitarios, con reglas básicas por respetar y cumplir, al tiempo que se retoma el control genuino de la autonomía universitaria.
La respuesta a la pregunta "¿Quién manda realmente en Univalle?" no se encuentra únicamente en una jerarquía establecida desde las normas legales, sino en la necesidad urgente de construir una nueva 'gobernanza' universitaria, con todo lo que este concepto implica en términos de participación, responsabilidad y autoridad compartida.
Como también reclama y propone la mayoría de la comunidad universitaria, es necesario gestar simultáneamente un cambio cultural profundo y extendido donde la violencia, del tipo que sea, nunca esté justificada ni normalizada.



