Educación cívica: clave para la convivencia armoniosa en las ciudades colombianas
Educación cívica esencial para convivencia urbana en Colombia

La educación cívica como pilar fundamental para la convivencia urbana

Para que los habitantes de las ciudades colombianas logren convivir de manera significativa y placentera en sus barrios, conjuntos residenciales y calles, es imprescindible que puedan compartir en armonía sus respectivos espacios urbanos públicos y los entornos vinculados a ellos. Esta convivencia armónica requiere prioritariamente de una educación cívica sólida y actualizada que proporcione información clara sobre deberes y derechos ciudadanos.

Normas de urbanidad para una convivencia respetuosa

En las calles, conjuntos residenciales y barrios de las ciudades colombianas, el respeto por todos los habitantes para una convivencia pacífica comienza con normas de urbanidad que actualmente son comunes en todo el mundo civilizado. Estas normas esenciales se centran en varios aspectos fundamentales:

  • Respeto a las personas, opiniones y espacios de todos los ciudadanos sin distinción
  • Cortesía básica que incluye saludar, dar las gracias y utilizar el 'por favor' en las interacciones diarias
  • Cuidado del entorno urbano, evitando tirar basura al suelo, realizar grafitis no autorizados o abandonar objetos en la vía pública
  • Empatía ciudadana manifestada en no invadir el espacio de los demás, ceder el paso a personas mayores o con problemas de movilidad, respetar turnos, ser puntual y moderar el volumen de la voz en espacios públicos

Circulación responsable en el espacio urbano

Al circular por la ciudad a pie, es fundamental hacerlo siempre por los andenes designados y cruzar únicamente por los pasos peatonales señalizados o por las esquinas cuando estos no existan. Para quienes circulan en vehículos, las normas se centran en el respeto a todos los actores viales: peatones, ciclistas, motociclistas y conductores de automóviles.

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El cumplimiento estricto de las normas de tránsito, incluyendo semáforos, señalizaciones y demarcaciones, es esencial para la seguridad colectiva. Además, existen exigencias específicas para todos los conductores:

  1. Ceder el paso prioritariamente a niños, adultos mayores y personas con problemas de movilidad
  2. Respetar absolutamente los pasos peatonales y la prioridad total de los peatones en los cruces pompeyanos
  3. Utilizar correctamente las luces direccionales y de estacionamiento
  4. Emplear siempre el cinturón de seguridad como medida de protección básica
  5. Abstenerse completamente de conducir bajo efectos del alcohol o utilizando el teléfono celular

Evolución histórica de las normas cívicas

La evolución histórica de las normas cívicas de convivencia y buenos modales se inicia desde las ciudades antiguas de Grecia y Roma, donde funcionaban principalmente como diferenciadores sociales entre las élites y el resto de la población. Sin embargo, ya en el siglo XIX aparecieron compendios como el Manual de urbanidad y buenas maneras de 1853, obra de Manuel Antonio Carreño, que contenía lecciones y consejos sobre cómo debían comportarse todas las personas, sin diferenciaciones sociales, en todos los espacios públicos y privados.

Estos manuales alcanzaron su máximo auge en Occidente a principios del siglo XX, con ediciones francesas e inglesas que se difundieron ampliamente. En el siglo XXI, estos principios continúan siendo la base fundamental para la formación de urbanitas contemporáneos, contribuyendo directamente a la armonía social y el bienestar colectivo en las ciudades.

Educación cívica como costumbre ciudadana

Se trata de una educación cívica completamente actualizada que, una vez que la mayoría de los habitantes de una ciudad la adquieren y practican consistentemente, los nuevos residentes que lleguen a ella la adoptarán naturalmente. Este fenómeno es similar al comportamiento que suelen mostrar los turistas educados y cultos en todas partes del mundo, quienes adaptan sus conductas a las normas locales por respeto a sus anfitriones.

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En aquellas ciudades colombianas donde, por diversas circunstancias históricas o demográficas, existe una preocupante carencia de educación cívica entre sus habitantes -especialmente cuando estas urbes crecen de manera acelerada y desorganizada-, las autoridades municipales deben iniciar programas directos de formación cívica. Estos programas deben ser adecuados al contexto local, implementados de manera permanente durante varios años consecutivos, procurando que mediante la repetición cotidiana se conviertan en costumbres arraigadas para la mayoría de los habitantes.

Benjamin Barney Caldas es arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle. Ha ejercido como docente en Cali en la Universidad del Valle, la Universidad San Buenaventura y la Pontificia Universidad Javeriana, así como en el Taller Internacional de Cartagena de la Universidad de los Andes. Actualmente continúa su labor docente en la Escuela de Arquitectura y Diseño Isthmus en Panamá. Es miembro activo de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe regularmente en El País desde 1998.