Educación financiera debe comenzar en la infancia según Banco Itaú y Universidad EAN
Educación financiera debe comenzar en la infancia

La educación financiera debe iniciar desde la primera infancia según expertos

En Colombia, apenas el 16% de los estudiantes de 15 años alcanza niveles mínimos de competencia en educación financiera según las pruebas PISA de la OCDE, lo que evidencia un reto significativo en esta área formativa. Ante esta realidad, el Banco Itaú y la Universidad EAN han compartido una serie de recomendaciones fundamentales para que padres, madres y cuidadores puedan incentivar buenos hábitos financieros desde los primeros años de vida.

La importancia del ejemplo familiar en la formación financiera

Ambas instituciones coinciden en que los hábitos financieros comienzan a construirse antes de los 7 años, desarrollándose principalmente a través del ejemplo observado en el hogar y las decisiones cotidianas que los niños presencian. "El mayor error es pensar que la educación financiera empieza cuando hay ingresos", explica Isabela Fernandes, gerente de Comunicaciones y Sostenibilidad de Itaú Colombia. "En realidad, inicia en casa, desde la infancia, a través de decisiones que tomamos los adultos sobre el manejo del dinero".

Fernandes enfatiza que si no se forma este criterio a tiempo, se deja a las nuevas generaciones sin herramientas para enfrentar su vida económica a largo plazo. Esta reflexión se enmarca en la Global Money Week, iniciativa realizada del 16 al 22 de marzo que busca promover la educación financiera entre niñas, niños y jóvenes a nivel mundial.

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Siete estrategias clave para fomentar hábitos financieros saludables

Los expertos de ambas instituciones han identificado principios comunes y estrategias prácticas para implementar la educación financiera desde la niñez:

  1. Hablar de dinero con naturalidad en contextos reales: Incorporar a los niños en situaciones cotidianas como hacer mercado, comparar precios o planear gastos familiares les ayuda a entender que el dinero es un recurso limitado y que cada decisión implica renunciar a otras opciones.
  2. Enseñar la diferencia entre necesidades y deseos con ejemplos concretos: Usar decisiones diarias, como elegir entre un producto básico y uno opcional, fortalece el pensamiento crítico y ayuda a evitar hábitos de consumo impulsivo en el futuro.
  3. Aplicar el método de los tres frascos para crear estructura: Dividir el dinero en categorías como gastar, ahorrar y compartir permite que los niños visualicen la distribución de sus recursos, introduciendo conceptos de administración e incorporando valores como la solidaridad.
  4. Fomentar el ahorro con metas claras y alcanzables: Definir objetivos concretos como comprar un juguete o financiar una actividad ayuda a que los niños comprendan la relación entre esfuerzo, tiempo y recompensa, evitando que el ahorro pierda sentido.
  5. Dar autonomía progresiva para decisiones financieras: Permitir que administren pequeñas cantidades de dinero, como una mesada, les enseña a tomar decisiones y asumir consecuencias, desarrollando responsabilidad en un entorno controlado donde equivocarse es parte del aprendizaje.
  6. Adaptar las enseñanzas según la edad y perfil del niño: Reconocer que no todos los niños tienen la misma relación con el dinero -algunos gastan rápidamente mientras otros prefieren ahorrar- permite ajustar estrategias según su etapa de desarrollo, mejorando significativamente la efectividad del aprendizaje.
  7. Aprovechar el juego, retos y tecnología como herramientas educativas: La gamificación a través de juegos de roles, retos o aplicaciones digitales facilita la comprensión de conceptos financieros y hace el aprendizaje más dinámico, permitiendo involucrar a toda la familia en el proceso.

La coherencia entre palabras y acciones como factor fundamental

Los expertos finalizan recordando que los hábitos no se enseñan solo con palabras. "Las niñas y los niños observan cómo los adultos gastan, ahorran o planifican, y replican esos comportamientos", recalcó Fernandes. Mantener coherencia entre lo que se dice y lo que se hace resulta fundamental para una educación financiera efectiva que prepare adecuadamente a las nuevas generaciones para los desafíos económicos del futuro.

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Esta aproximación integral a la educación financiera temprana representa una oportunidad para transformar la relación de los colombianos con el dinero desde los primeros años, construyendo bases sólidas para la toma de decisiones económicas responsables a lo largo de toda la vida.