La crisis de la narración: cómo la pérdida del relato afecta a los jóvenes colombianos
Crisis de la narración: impacto en jóvenes colombianos

La pérdida del arte de narrar: una amenaza para el desarrollo humano

En su obra Sapiens, Yuval Noah Harari plantea una teoría fundamental sobre nuestra evolución: los seres humanos desarrollamos el lenguaje para protegernos mutuamente de los peligros del entorno. A través de la comunicación, ampliamos nuestro vocabulario para expresar ideas, construir realidades y formar comunidades que aseguraron nuestra supervivencia como especie. Sin embargo, con el avance tecnológico y los sistemas de comunicación cada vez más visuales y rápidos, estamos perdiendo progresivamente esa capacidad esencial de narrar, lo que pone en riesgo el futuro mismo de la humanidad.

La literatura como herramienta de transformación social

El escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez, en sus análisis sobre El lazarillo de Tormes, ha destacado cómo la gran hazaña de la literatura radica en su poder para hacer que las personas cuestionen su identidad, reconozcan sus privilegios y desarrollen la empatía necesaria para la convivencia comunitaria. Esta capacidad narrativa nos permite conectar con realidades ajenas, volvernos más críticos y propositivos frente a nuestro propio contexto.

Lamentablemente, en Colombia enfrentamos una crisis preocupante en este ámbito. Según datos de 2023 de la Universidad Javeriana, el 21,5% de los estudiantes de grado 11 no lee por entretenimiento, mientras que el 38% dedica 30 minutos o menos al día a esta actividad fundamental. Estas cifras revelan un distanciamiento alarmante de las prácticas narrativas entre las nuevas generaciones.

Banner ancho de Pickt — app de listas de compras colaborativas para Telegram

La narración en la vida cotidiana: un arte en desuso

Esta crisis se manifiesta de manera palpable en situaciones diarias. Es cada vez más común que los jóvenes prefieran mostrar una fotografía o un video en lugar de describir verbalmente un vestido que desean comprar, relatar sus experiencias del fin de semana o detallar un evento al que asistieron. Sus dispositivos móviles y servicios en la nube se han convertido en repositorios de material audiovisual que sustituye progresivamente la necesidad de articular experiencias mediante palabras.

Lola López Mondéjar, ganadora del Premio Anagrama 2024 por su ensayo Sin relato, advierte que este abandono de la narración tiene consecuencias profundas:

  • Disminución del pensamiento crítico y la imaginación
  • Escasa autoconciencia y desarrollo personal
  • Mayor dificultad para interactuar socialmente
  • Vulnerabilidad ante manipulaciones y desinformación

Esta pérdida narrativa podría explicar, en parte, por qué muchos jóvenes experimentan sentimientos de soledad, depresión y ansiedad con mayor frecuencia, muestran menor confianza en los sistemas democráticos y priorizan soluciones prácticas inmediatas sobre reflexiones profundas, poniendo en riesgo tanto nuestro sistema educativo como el tejido social mismo.

Soluciones más allá del aula escolar

La respuesta a esta problemática no puede limitarse exclusivamente a las instituciones educativas. Si bien los maestros cumplen un rol crucial al enseñar a leer y, en los mejores casos, inspirar el amor por la lectura y el aprendizaje autodidacta, el sistema educativo actual enfrenta desafíos estructurales significativos. Los estudiantes cursan alrededor de 15 materias consideradas importantes por los adultos, pero frecuentemente se descuidan aspectos fundamentales como la lectoescritura y las matemáticas.

Tampoco resulta efectiva la prohibición coercitiva de dispositivos móviles entre menores de edad, ya que esta medida simplista generalmente genera innovación en cómo evadir la regla en lugar de abordar las causas profundas del problema.

Propuestas concretas para recuperar la narración

Una solución más accesible y efectiva podría implementarse en nuestros espacios cotidianos. ¿Qué ocurriría si dedicáramos cenas o encuentros familiares y sociales sin la presencia de celulares, televisores o música de fondo? Esta práctica sencilla podría fomentar conversaciones significativas y el intercambio de experiencias narradas.

Banner post-artículo de Pickt — app de listas de compras colaborativas con ilustración familiar

Es fundamental que hablemos más entre nosotros, incluso con personas ajenas a nuestro círculo inmediato, pues solo así ampliaremos nuestra comprensión del mundo y desarrollaremos habilidades narrativas esenciales. Paralelamente, los gobiernos podrían contribuir significativamente creando más "terceros lugares": espacios públicos donde las personas puedan relacionarse sin la obligación de consumir o realizar actividades específicas para permanecer en ellos.

La recuperación del arte de narrar no es solo un ejercicio literario, sino una necesidad social urgente que requiere la participación activa de individuos, familias, educadores y autoridades. En un mundo cada vez más digitalizado, preservar nuestra capacidad para contar y escuchar historias podría ser fundamental para mantener nuestra humanidad compartida.