Fátima al-Fihri: la visionaria que creó la primera universidad del mundo
Desde tiempos ancestrales, la familia de Fátima al-Fihri había sido fundamental por su linaje y conexión directa con el profeta, lo que les otorgaba una legitimidad y prestigio incomparables. Ser un Sayyid o un Sharif generaba un aura de reconocimiento que trascendía fronteras y gobiernos, estableciendo un legado de influencia espiritual y social.
El éxodo familiar y el espíritu emprendedor
Una crisis en su Túnez natal obligó a su padre a abandonarlo todo y emprender un arduo y extenuante periplo hasta Fez, en Marruecos. Siglos de emprendimientos, tanto fallidos como exitosos, hacían correr por sus venas la sangre de fenicios y beduinos, verdaderos mercaderes de mares y desiertos. La mayor virtud del padre era el ancestral arte de discutir y regatear precios hasta el infinito, habilidad con la que logró amasar una inmensa fortuna.
Esta riqueza contrastaba marcadamente con la extrema devoción espiritual de su hija Fátima, creando un equilibrio único entre lo material y lo trascendental en el seno familiar.
La tragedia y la transformación
En uno de esos giros sarcásticos que suele tener la vida, en muy poco tiempo fallecieron su padre, su esposo y su hermano. Como resultado, Fátima y su hermana quedaron huérfanas de todo apoyo familiar, pero nadando en una abundante y gigantesca herencia. Fue en este momento crucial donde todo cambió para siempre.
En el primer día del Ramadán, hace casi 1.200 años, Fátima al-Fihri puso la primera piedra de lo que inicialmente concibió como una hermosa mezquita. Durante los dos años que duró la construcción, ayunó como voto de gratitud mientras supervisaba meticulosamente cada detalle del proyecto.
El nacimiento de una institución educativa eterna
Fátima se dedicó en cuerpo y alma a madurar conceptualmente la mezquita no solo como centro de culto, sino como faro de pensamiento, religiosidad y educación. Con el tiempo, esta visión se expandió para impartir enseñanzas en matemáticas, música, literatura, medicina y demás saberes humanísticos y científicos.
Así nació Al-Qarawiyyin, que se convirtió en la primera universidad en la historia de la humanidad. Hoy, esta institución aún funciona activamente y es reconocida incluso por la Unesco como patrimonio cultural y educativo. Durante siglos, sirvió como faro, luz y guía para sabios de oriente, aunque posteriormente entró en un período de decadencia del cual resurgió vigorosamente en el siglo XX.
El legado poético y filosófico
Al igual que Fátima, el "Gitano erudito" de Matthew Arnold convirtió en poema una elegía a la universidad, basándose en una antigua leyenda de un estudiante de Oxford que se unió a los gitanos en la persecución frenética de la verdadera sabiduría. El poema enseña que la universidad es el punto de partida del conocimiento y debe encender la llama interior de esa búsqueda interminable.
"Pero posees un destino inmortal, y te imaginamos exento de la vejez y viviendo como vives en la página de Glavil, porque tenías -lo que nosotros, ¡ay!, no tenemos- un objetivo, un solo negocio, un solo deseo", reflexiona Arnold, capturando la esencia del propósito educativo que Fátima al-Fihri materializó hace más de un milenio.