Tomás Bermúdez presenta 'La distancia necesaria': una serie de carboncillo sobre bosques
Bermúdez y su serie 'La distancia necesaria' en galería

El debut de un maestro del carboncillo

Con la presentación de su obra por primera vez ante el público, el maestro Tomás Bermúdez revela la serie titulada La distancia necesaria, compuesta por seis dibujos de grandes dimensiones (200 x 160 cm). La muestra se exhibe en la galería (S.N.) de Bogotá, ubicada en la Calle 26B # 3-47.

La serie propone un recorrido por un mismo paisaje de bosque. En cada obra, aparece algo nuevo dentro de un escenario aparentemente familiar. La mirada descubre matices, relaciones y presencias que habían pasado inadvertidas. En ocasiones, el espectador llega a sentir que la imagen representada no es el bosque, sino él mismo frente a él.

Un proceso artístico artesanal

Una peculiaridad de la obra de Bermúdez es que sus cuadros son dibujados con un lápiz de carboncillo que él mismo fabrica a partir de esquejes de sauce que selecciona con el meticuloso ojo del artista. Los esquejes se queman en un pequeño horno construido por él mismo. No delega en la industria lo que considera fundamental en la pintura de sus obras.

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Cuando el artista dibuja la vegetación con carboncillo sobre lienzo, busca hacer del blanco y negro una parte integral de aquello que desea expresar. Aquí el verde ya no es «de todos los colores», como lo expresó el conocido verso de Aurelio Arturo, sino que el carboncillo parece ser de todos los verdes.

Antecedentes y referentes

La propuesta de Bermúdez, aunque novedosa en el medio colombiano, no carece de antecedentes. En 1990, Luis Caballero pintó un enorme mural de seis por seis metros en carboncillo sobre lienzo para la Galería Garcés Velásquez. Grandes maestros como Degas, Picasso, Manet y Matisse también usaron carboncillo, aunque principalmente para bocetos preparatorios y estudios compositivos.

Según el crítico Enrique Uribe Botero, autor del artículo para El Espectador, Tomás Bermúdez «inventa, descubre, nos muestra lo evidente: aquello que está ahí, pero que no vemos», cumpliendo así uno de los principios fundamentales de toda gran obra de arte.

Los orígenes del artista

Tomás Bermúdez nació en Barichara, Santander, donde vivió con sus padres y adonde todavía regresa para pasar largas temporadas rodeado de naturaleza. Su vida ha transcurrido entre árboles, arbustos, hojas y senderos. Sin esa experiencia íntima y prolongada del mundo vegetal, difícilmente habría podido pintar lo que pinta.

Su abuela materna, Graciela Samper Gnecco, arquitecta y emblemática gerente de Artesanías de Colombia, impulsó el traslado de la institución al antiguo Claustro de Las Aguas en la década de 1970. Su propósito era «descubrir, dignificar y organizar al artesano colombiano». Entre la naturaleza de Barichara y el ejemplo de Graciela Samper parece encontrarse una de las claves para comprender la obra de Bermúdez: una mirada paciente, atenta a los detalles, respetuosa de los materiales y profundamente consciente del vínculo que une al ser humano con su entorno.

Formación académica y trayectoria

Bermúdez cursó estudios de economía y matemáticas, disciplina de la que llegó a ser profesor. Estas profesiones, aparentemente ajenas a las bellas artes, forman parte de una manera particularmente sensible de comprender el mundo. Desde el Renacimiento, la matemática ha sido aliada silenciosa de muchos artistas en la búsqueda de armonía, equilibrio y belleza.

En cuanto a su formación artística, realizó una maestría en ArtScience en el Real Conservatorio de La Haya, institución en la que obtuvo durante dos años consecutivos una beca de excelencia. Estamos, pues, ante una obra de un artista bien formado, sensible y talentoso.

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