Karoll Márquez, nacido en Cartagena hace 49 años, ha construido una carrera artística de más de dos décadas que abarca la música, la televisión y el teatro musical. En la pantalla chica, ha participado en producciones como “Oye Bonita”, donde interpretó al recordado “Monchi Maestre”, así como en “¿Dónde carajos está Umaña?”, “La playita”, “Pambelé” y “Los medallistas”. Sin embargo, su primer amor fue la música, tal como lo recordó en diálogo con Vea de El Espectador.
Los inicios musicales
“Todo comenzó en Cartagena. Yo cantaba desde muy chiquito. Fue algo que me acompañó desde muy temprana edad”, relató Márquez. Al llegar a Bogotá, comenzó a explorar otras formas de expresión y la actuación llamó su atención, aunque no estaba en sus planes iniciales. “Cuando comienzo, ahí sí le doy todo el compromiso y toda la entrega que merecía también prepararme para ser actor y comienzo a estudiar”.
Una perspectiva transformada
A lo largo de su trayectoria, las experiencias y cambios le brindaron una visión más amplia sobre el éxito y el arte. “He sido una persona que le he hecho mucho caso a la vida y las puertas que se me están abriendo, porque de no haber sido así, habría estado muy frustrado”, afirmó. Explicó que cuando se inicia una carrera artística, se tienen muchos referentes y no siempre se logra lo esperado, lo que puede generar frustración. “Hubo un momento en mi carrera en que yo comencé, sin pretenderlo y sin quererlo, a diseñarla de una manera más polifacética”.
Comparaciones y frustraciones
Como muchos artistas, Márquez enfrentó comparaciones y expectativas. Durante un tiempo sintió la presión de quienes lo rodeaban para que eligiera solo una faceta. “Cuando comencé mi carrera a nivel musical, era muy recurrente que me preguntaran qué quería ser más, si actor o cantante. La gente en ese momento tenía una percepción bastante prejuiciosa de los artistas que se dedicaban a varias cosas en el mismo ámbito de entretenimiento”, recordó. Eso lo llevó a querer encajar y sentirse cohibido.
El momento decisivo ocurrió cuando se fue a vivir a México. Allí descubrió que la industria artística era más inclusiva y valoraba la versatilidad como una fortaleza. “Por lo menos, en el ámbito artístico en el que yo me desarrollaba y con quien me rodeaba, entre más cosas hicieras y más facetas tuvieras y más habilidades pudieras desarrollar, era más valorado el trabajo y tenías más campo de acción”, explicó.
El regreso a Colombia
Al regresar a Colombia para hacer “Oye Bonita”, Márquez encontró puertas abiertas en un terreno inesperado: cantar vallenatos. “Ahí comencé a hacerle mucho caso a las oportunidades que me daba la vida a nivel artístico, porque todas me permitían explorar y aprender. Entendí que todas las carreras no están hechas para lo mismo, todos no tenemos los mismos objetivos, el desarrollo de cada carrera es distinta. Dejé de compararme, dejé de tener esas expectativas tan altas y simplemente comencé a dejarme sorprender por los proyectos que llegaban”.
Lejos de la televisión, pero no de los escenarios
Aunque actualmente no está involucrado en producciones audiovisuales, Márquez sigue activo en el mundo artístico. “De unos años para acá he estado mucho más familiarizado con los espectáculos escénicos, con ser un artista escénico, no es que haya abandonado el audiovisual, es que la misma vida es demasiado justa con uno y te va poniendo en donde tú más cómodo te sientes”, comentó. Explicó que no ha decidido dejar la televisión, sino que las oportunidades se han dado de manera natural. “Tengo que seguir trabajando, pero además mi trabajo no es trabajo. Mi trabajo es una manera muy afortunada de coexistir con los demás entreteniendo. Me hace muchísima ilusión volver a hacer algo para televisión, ya tengo cinco años que no estoy en un set y ya me empieza a hacer falta, pero soy muy agradecido y además sé habitar muy bien el espacio en el que estoy”.
El presente musical
Actualmente, Márquez está inmerso en el proyecto musical “V de Vinilo”, donde cosecha éxitos junto a amigos. “Estoy en el proyecto musical ‘V de Vinilo’, cosechando éxitos en compañía de amigos, pasándolo bien. Y es ahí donde también llegas a la conclusión de no me falta nada, está tan bien esto, lo paso tan bien, estoy donde debo estar. Es así de sencillo”, afirmó. Disfruta llenar teatros y la conexión íntima con el público, aunque extraña crear personajes para el audiovisual. “No me quejo, no me quedo en ese bucle pensando ahí, dándome palo, sino que disfruto”.
Un momento de plenitud
El artista asegura encontrarse en un momento especial. “No siento que haya cambiado mucho, siento que la ilusión siempre está, sigo sintiendo mucha fascinación por lo que hago, por la mística, por llegar al camerino, por preparar un espectáculo, por ensayar. De pronto, hay cosas que sí hacen parte del proceso y lo veo de una manera afortunada y es el que ya no te dejes aturdir. Siento que antes me agobiaba, ahora me siento en un proceso de serenidad, me siento liviano”, explicó. Reconoce que aún hay días de duda e incertidumbre, pero ha aprendido a manejarlos. “Cuando comienza esa inconformidad natural del artista, yo no me doy palo con eso porque sé que es algo natural, simplemente cambio la línea de pensamiento, transito por mi presente, por lo que estoy viviendo, por lo que estoy disfrutando y me conecto nuevamente con lo que para mí es totalmente fundamental”.



