El famoso corrientazo está tradicionalmente compuesto por una proteína, un carbohidrato, ensalada, sopa y jugo. Esta combinación es un clásico en la hora del almuerzo en cualquier barrio de Bogotá, donde los letreros de los restaurantes invitan a probar propuestas que ofrecen una pausa en la cotidianidad del comensal.
Una tradición gastronómica
Entre letras rojas, azules o negras se leen los menús del día, que exponen una tradición gastronómica que combina variedad, economía y sabor. La elección del día comienza con una sopa caliente, casi siempre de cebada perlada, de plátano o pasta, y mientras se saborea, en las cocinas manos expertas revuelven guisos y pican ensaladas.
El auge del corrientazo en Bogotá
Este plato se ha convertido en un ícono de la comida bogotana, ofreciendo una opción accesible para trabajadores y estudiantes. La tradición se mantiene viva gracias a la dedicación de los cocineros que preparan cada ingrediente con esmero, asegurando que cada almuerzo sea una experiencia completa.



