Estudio revela que el 10% más rico causa daños ambientales millonarios
10% más rico causa daños ambientales millonarios: estudio

Un grupo de investigadores se preguntó cuánto le cuesta a la sociedad el impacto ecológico de las personas que más consumen en el mundo. Las respuestas se publicaron en la revista Nature.

El costo ambiental del 10% más rico

El estudio, liderado por las universidades de Leiden y Oxford, parte de una premisa: el 10% más rico de la población mundial utiliza una proporción desmesurada de recursos, genera más emisiones y ejerce una presión mucho mayor sobre los ecosistemas. Sin embargo, los costos de esos daños suelen distribuirse entre toda la sociedad y rara vez se reflejan en los precios que pagan quienes los generan. Cuando una persona compra un tiquete aéreo, consume ciertos alimentos o usa combustibles fósiles, gran parte de los costos asociados a emisiones, pérdida de biodiversidad o agotamiento de recursos es asumida colectivamente.

Metodología del estudio

Para estimar ese impacto, los autores analizaron la huella ambiental de ese 10% de mayores consumidores y calcularon los daños en cuatro dimensiones: cambio climático, pérdida de biodiversidad, alteración de los ciclos de nitrógeno y fósforo, y uso excesivo de agua dulce. Luego asignaron un valor económico a esos daños usando una metodología que estima el costo social de cada tonelada adicional de CO₂, cada ecosistema degradado o cada forma de contaminación.

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Resultados: daños millonarios

Los resultados indican que el costo anual de esos daños oscila entre 1,7 y 5,7 billones de dólares, equivalentes a entre 2.300 y 7.500 dólares por persona dentro del grupo de altos consumidores. Esta cifra supera las brechas globales de financiación para enfrentar el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. Si esos costos se trasladaran a quienes los generan mediante impuestos, podrían movilizarse recursos comparables o superiores a los que faltan para financiar la transición ecológica.

La pérdida de biodiversidad, el mayor costo

Uno de los hallazgos más llamativos es que la mayor parte de la “factura ambiental” no proviene del cambio climático. Entre el 47% y el 56% de los daños está asociado a la pérdida de biodiversidad, mientras que entre el 36% y el 45% corresponde al calentamiento global. Esto refuerza la idea de que la degradación de ecosistemas y la desaparición de especies representan una amenaza de magnitud similar o superior para la estabilidad del planeta.

“El comportamiento de ese diez por ciento, como los viajes frecuentes en avión y los coches grandes, es lo que está causando el daño”, afirmó Inge Schrijver, una de las autoras, en una nota de prensa de la Universidad de Leiden. “Por lo tanto, existe una oportunidad para que los responsables políticos marquen la diferencia”.

Implicaciones políticas

Los autores concluyen que el consumo del 10% más rico contribuye desproporcionadamente a superar los “límites planetarios”, umbrales ecológicos que la humanidad no debería sobrepasar para mantener condiciones ambientales estables. Sus cálculos ilustran el potencial de aplicar con mayor rigor el principio de “quien contamina paga”. “El coste de los daños es muchas veces mayor que la cantidad de dinero que los gobiernos deben destinar a la financiación del clima y la biodiversidad”, afirmó Schrijver. “Si el contaminador pagara y ese dinero se invirtiera en soluciones, supondría una enorme contribución”. No obstante, reconoció que “lo más importante es prevenir los daños. Siguen siendo necesarias directrices y regulaciones más estrictas”.

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