Las olas de calor en Europa están llevando al límite la capacidad del sistema energético, lo que ha reavivado el interés por fuentes como la nuclear y la geotérmica, según un grupo de ejecutivos de JPMorgan Chase & Co.
Impacto en la demanda energética
Sarah Kapnick, directora global de asesoría climática del banco, señaló en una entrevista que las olas de calor cada vez más frecuentes tendrán profundas implicancias para la demanda energética. "En los días de calor extremo, todo se lleva al límite", afirmó. "Hay momentos de gran intensidad en los que tener acceso a electricidad se vuelve importante no solo para el funcionamiento del comercio y la sociedad, sino para la salud y la seguridad de las personas".
Presión sobre la infraestructura
Las altas temperaturas incrementan el uso de aire acondicionado, lo que dispara la demanda eléctrica. Al mismo tiempo, las centrales térmicas y nucleares pueden ver reducida su eficiencia por falta de agua para refrigeración, y las renovables como la solar también se ven afectadas por condiciones extremas. Esto pone a prueba la resiliencia de las redes eléctricas europeas.
Interés renovado en nuclear y geotérmica
Ante este escenario, JPMorgan destaca que la crisis energética provocada por las olas de calor está reavivando el debate sobre la necesidad de fuentes de energía estables y de baja emisión. La energía nuclear, que había perdido popularidad tras el desastre de Fukushima, vuelve a ser considerada como una opción viable para garantizar el suministro base. Asimismo, la geotérmica, que aprovecha el calor del subsuelo, ofrece una alternativa constante y no dependiente de las condiciones meteorológicas.
Desafíos y oportunidades
Sin embargo, la implementación de estas tecnologías enfrenta obstáculos, como los altos costos iniciales, los largos plazos de construcción y la oposición pública en algunos países. Aun así, la urgencia climática y la necesidad de seguridad energética están impulsando a gobiernos e inversores a reconsiderar estas opciones. Europa se encuentra en una encrucijada donde las olas de calor no solo son un síntoma del cambio climático, sino también un catalizador para transformar su matriz energética.



