China: seis factores clave detrás de la desaceleración económica actual
Seis factores clave de la desaceleración económica china

El vertiginoso crecimiento económico de China, que elevó los ingresos internos y transformó los mercados extranjeros, alguna vez pareció tan inevitable como una ley de la naturaleza. Esa suposición ahora se está poniendo a prueba. El 5 de marzo, el gobierno de China redujo su meta oficial de crecimiento para 2026 a entre 4,5% y 5% —su objetivo menos ambicioso desde 1991 y un fuerte descenso con respecto a la expansión de dos dígitos de años anteriores.

A pesar de una aceleración del crecimiento económico a principios de este año, el riesgo de una desaceleración futura refleja fuerzas profundas —como un consumo débil, una prolongada caída del mercado inmobiliario y una fuerza laboral en declive— que están redefiniendo lo que la segunda economía más grande del mundo puede lograr de manera realista. El enorme tamaño de China también influye: cuanto mayor es la economía, más difícil es generar un crecimiento extraordinario.

Mercado inmobiliario en declive

Durante décadas, la vivienda fue uno de los motores de crecimiento más importantes de China, convirtiendo al sector inmobiliario en una reserva clave de patrimonio familiar. En los últimos años, sin embargo, el sector inmobiliario ha entrado en recesión. La represión regulatoria contra el endeudamiento excesivo de los promotores en 2020, seguida de los confinamientos por la pandemia que desplomaron las ventas y mermaron la confianza de los hogares, puso de manifiesto la fragilidad de un largo auge impulsado por la deuda. Lo que siguió fue un círculo vicioso de caída de la demanda, restricciones en la financiación y proyectos inconclusos del que el sector aún no se ha recuperado.

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Según estimaciones de economistas, los precios de las viviendas se han desplomado cerca de 30% en todo el país desde su máximo de 2021, lo que ha mermado la riqueza de los hogares. Los posibles compradores se han mantenido al margen, recelosos de nuevas caídas de precios y reacios a contraer deudas a largo plazo para adquirir propiedades que podrían seguir perdiendo valor. Los propietarios actuales a menudo no pueden vender sin sufrir pérdidas. Mientras tanto, los promotores inmobiliarios, fuertemente endeudados, se enfrentan a apartamentos sin vender, proyectos paralizados y pasivos crecientes, lo que empuja a muchos al default.

Desde mediados de 2024, el gobierno ha intentado dar un respiro al sector inmobiliario. Redujo las tasas hipotecarias de los préstamos existentes, flexibilizó las restricciones a la compra en las principales ciudades y disminuyó los impuestos a las transacciones. Estas medidas ofrecieron una breve estabilización, pero aún no han logrado revertir la recesión. En su apogeo, el sector inmobiliario y las industrias relacionadas llegaron a representar hasta una cuarta parte del producto interno bruto, según Bloomberg Economics. Se prevé que esa proporción caiga muy por debajo de 15% para 2030 a medida que el gobierno chino vira hacia la manufactura de alta tecnología y las industrias verdes. Sin embargo, estos sectores requieren mayor inversión de capital y generan menos empleos, lo que dificulta que reemplacen al sector inmobiliario como motor del crecimiento económico generalizado.

El problema de deflación de China

La débil demanda ha provocado una baja de precios en un amplio rango de bienes y servicios desde 2023. Aunque China está en camino de salir de tres años de deflación en el segundo trimestre de 2026, reactivar el crecimiento de los precios sigue siendo un desafío importante. Si los consumidores continúan esperando que los precios bajen, podrían retrasar aún más sus compras, lo que intensificaría la presión a la baja sobre los precios.

El gobierno chino denomina “involución” a la competencia excesiva, y la lucha contra las guerras de precios destructivas es ahora una prioridad absoluta en todos los sectores, desde los vehículos eléctricos hasta la entrega de comida a domicilio. Las autoridades buscan restablecer el poder de fijación de precios para ayudar a las empresas a recuperar sus márgenes y aumentar los salarios, con el fin de reactivar el consumo. Sin embargo, una vez que la deflación se instala, revertirla puede resultar sumamente difícil.

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Una población en declive

La población de China, de al menos 1.400 millones de habitantes, está disminuyendo a un ritmo no visto en décadas, lo que supone un drástico cambio para un país que durante mucho tiempo se ha caracterizado por su enorme peso demográfico. Los nacimientos cayeron a 7,93 millones en 2025, la cifra más baja desde al menos 1949. Han disminuido cada año desde 2016, salvo un breve repunte en 2024 que puede haber reflejado el Año del Dragón en el calendario chino, que tradicionalmente se considera un momento propicio para tener un hijo.

La población en edad laboral de China, entre los 16 y los 59 años, también se ha ido contrayendo. En 2025, ese grupo de edad representaba aproximadamente el 61% del total, una disminución con respecto a más de 70% una década antes. Con el rápido envejecimiento de la población, se prevé que la proporción de personas en edad laboral con respecto a las mayores de 65 años —actualmente de cuatro a uno— se reduzca a la mitad en dos décadas.

Una fuerza laboral más reducida y una población que envejece rápidamente tienen implicaciones para todo, desde la demanda de los consumidores hasta la producción manufacturera y la innovación tecnológica, lo que lastra el potencial de crecimiento a largo plazo de China. Pekín apuesta a que las ganancias en productividad gracias a la automatización pueden compensar la pérdida de trabajadores. El presidente Xi Jinping ha insistido en que la inversión en ciencia y tecnología —en particular en biotecnología, inteligencia artificial, semiconductores y robótica— es fundamental para impulsar el crecimiento económico de China.

Un mercado laboral en desaceleración

Si bien el desempleo general se ha mantenido relativamente estable, el desempleo juvenil se ha disparado a medida que millones de nuevos graduados ingresan a un mercado laboral menos favorable. Estos graduados buscan principalmente trabajos de oficina, lo que crea un desajuste estructural entre sus habilidades y lo que se necesita en una economía que todavía está dominada por la industria manufacturera.

La inseguridad laboral y el débil crecimiento salarial complican los esfuerzos por reactivar el consumo. Los hogares que no están seguros de sus perspectivas de ingresos tienden a ahorrar más que a gastar, lo que refuerza la desaceleración económica general. La rápida adopción de la automatización añade una capa más de presión. El uso de la robótica y la inteligencia artificial en la industria manufacturera y los servicios ya está transformando la demanda de mano de obra.

Exportaciones: Un punto positivo, por ahora

En los últimos años, las exportaciones han supuesto un contrapeso crucial al debilitamiento de la economía interna de China. A pesar del aumento de los aranceles estadounidenses sobre los productos chinos —llegando a alcanzar 145% a principios de 2025 y mermando los ingresos de los exportadores en EE.UU., los envíos a Europa y a los mercados emergentes del sudeste asiático absorbieron gran parte de esa brecha.

La demanda de equipos y maquinaria industrial chinos, en particular, se ha visto favorecida por una reestructuración global de las cadenas de suministro y un auge en la inversión en inteligencia artificial. Al mismo tiempo, los fabricantes chinos han ascendido en la cadena de valor, incrementando las ventas de productos de gama alta como vehículos eléctricos, paneles solares y equipos de fabricación. Esto contribuyó a que el superávit comercial de China alcanzara la cifra récord de US$1,2 billones en 2025 y se mantuviera en un nivel de crecimiento similar este año.

El auge de las exportaciones se ha convertido en un motor cada vez más importante del crecimiento económico. Las exportaciones netas representaron aproximadamente un tercio del crecimiento del PIB en 2025, la mayor proporción desde 1997. Sin embargo, esa contribución cayó drásticamente hasta poco menos del 15% en el primer trimestre de 2026, en parte debido al elevado costo de los productos tecnológicos importados.