El Mundial no solo enfrenta a las mejores selecciones de fútbol, sino que también expone una de las mayores brechas económicas entre los aficionados que viajan a Estados Unidos, México y Canadá para apoyar a sus equipos. Así lo evidencia el informe semanal de Anif, titulado 'El once económico del Mundial 2026', que clasifica cuántos salarios mínimos necesita cada persona para comprar una entrada de su selección para la cita orbital.
Precio uniforme, esfuerzo desigual
Aunque el precio de las boletas es el mismo para todos los compradores, el esfuerzo económico requerido para adquirir una varía drásticamente según el país de origen. El análisis de Anif muestra que, mientras para algunos aficionados la compra representa apenas una fracción de su salario mensual, para otros equivale a varios meses o incluso más de un año de ingresos. El caso más extremo es Ghana: un trabajador que gane el salario mínimo en ese país debería destinar el equivalente a 12,3 salarios mínimos mensuales para adquirir una de las entradas más económicas del torneo. En otras palabras, el costo de una sola boleta supera un año completo de trabajo.
Países con mayor barrera económica
La situación también es compleja para otras naciones participantes. En Haití se requieren 5,7 salarios mínimos para acceder a una entrada, mientras que en Uzbekistán la cifra alcanza 5,3. Senegal y Costa de Marfil completan el grupo de economías con mayores barreras de acceso, con un costo equivalente a 4,9 salarios mínimos.
Estas cifras ponen de relieve una realidad que suele pasar desapercibida detrás de la pasión futbolística: el Mundial es un espectáculo global, pero no todos los aficionados tienen las mismas posibilidades económicas de vivirlo en persona.
Análisis económico
Valentina Guio, jefe de estudios macroeconómicos de Anif, explica que desde la teoría económica hay tres lecturas interesantes. Primero, la desigualdad internacional de ingresos: la boleta es un bien global con precio uniforme, pero los ingresos son muy heterogéneos entre países. Segundo, el poder adquisitivo: lo relevante no es cuánto cuesta la boleta en dólares, sino cuánto ingreso local representa. Un aficionado suizo y uno ganés enfrentan el mismo precio en dólares, pero no el mismo costo económico. Para el ganés, la compra implica sacrificar una proporción mucho mayor de su consumo potencial. Tercero, la elasticidad del consumo de entretenimiento: en países donde una entrada equivale a varios salarios mínimos, asistir al Mundial deja de ser un gasto de entretenimiento y se convierte en uno extraordinario. En economías de menores ingresos, ir a la Copa se convierte en un bien de lujo, mientras que en economías de altos ingresos se acerca más a un gasto recreativo ordinario.
América Latina y Colombia
En América Latina las diferencias también son evidentes. Argentina aparece como el país de la región donde el esfuerzo relativo es más alto, con una entrada equivalente a 2,3 salarios mínimos. Brasil registra 1,8 y Panamá 1,6. Colombia se ubica en una posición intermedia: según el análisis, un trabajador que gane el salario mínimo necesitaría destinar cerca de 1,1 salarios mínimos para comprar una boleta, lo que significa que el valor de la entrada equivale a poco más de un mes completo de ingresos.
Guio comenta que, aunque esta relación es más favorable que la de otras naciones del torneo, sigue siendo considerablemente más alta que la de economías desarrolladas como Suiza, Alemania e Inglaterra. La posición de Colombia refleja una realidad característica de las economías de ingreso medio, en las que el poder adquisitivo de los trabajadores es suficiente para evitar los niveles más extremos de inaccesibilidad observados en países de menores ingresos, pero sigue estando lejos de los estándares de las economías avanzadas.



