Ochenta y tantos años antes de Cristo, un emperador romano, Sila, invadió Ática, sitió y saqueó Atenas, y tras la muerte de Apelicón, un bibliófilo que había comprado los libros coleccionados por Aristóteles dos siglos antes, se apoderó de ellos y los mandó a Roma.
El destino de la biblioteca de Aristóteles
Cuando Aristóteles falleció, su biblioteca acabó en poder de una familia de Pérgamo, que la enterró bajo su casa para que no pudiera ser encontrada, y que luego se la vendió a Apelicón. Los traslados, el poco cuidado, las humedades y el polvo y los gusanos deterioraron buena parte de los manuscritos.
Por Fernando Araújo Vélez
De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual fue editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas.
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