Doble terremoto de magnitud 7,5 y 7,2 devastó La Guaira en Venezuela: 36 muertos y más de 700 heridos
Doble sismo en La Guaira: 36 muertos y más de 700 heridos

Dos fuertes terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5, ocurridos con apenas 39 segundos de diferencia, sacudieron este miércoles el norte de Venezuela, dejando un saldo de 36 muertos y más de 700 heridos, según el gobierno encargado. La capital del estado de La Guaira quedó en una situación de desastre absoluto, con edificios colapsados y mamposterías fracturadas, mientras los equipos de socorro buscan supervivientes entre los escombros.

La Guaira: una catástrofe anunciada desde hace décadas

La devastación en el litoral central no sorprendió a la comunidad científica. En el año 2000, el profesor Jesús Delgado de la Universidad Central de Venezuela ya denominaba esta situación como “la crónica de una muerte anunciada”. La combinación de una geología inestable, fallas tectónicas activas y una preocupante vulnerabilidad constructiva convirtieron a esta estrecha franja costera en el escenario ideal para una catástrofe de gran magnitud.

Según las investigaciones del profesor Delgado, magíster en Protección del Patrimonio Histórico en Zonas Sísmicas, la ciudad de La Guaira no está asentada sobre roca firme, sino sobre depósitos aluviales y laderas de rocas metamórficas meteorizadas y fracturadas. Además, la zona del puerto y la avenida Soublette están construidas sobre material de relleno, lo que desencadenó fenómenos geomórficos altamente destructivos durante los sismos.

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El suelo se comportó como un líquido pesado

Cuando las ondas sísmicas golpearon los suelos de textura gruesa y depósitos sueltos, el terreno perdió su firmeza y comenzó a comportarse como un líquido pesado. Esto provocó que los cimientos de los edificios perdieran su sustento instantáneamente, mientras el suelo se desplazaba horizontal y verticalmente, agrietando de forma irreversible las columnas y bases de las edificaciones que aún se mantienen en pie.

El corredor de fallas: San Sebastián y Macuto

El Observatorio Nacional de Sismos (Funvisis) recuerda que el 80% de la población venezolana vive en zonas de alta amenaza sísmica. La Guaira se ubica justo en la zona de contacto entre la placa tectónica del Caribe y la placa Sudamericana. El límite tectónico está gobernado por la falla de San Sebastián, que discurre de este a oeste frente a las costas guaireñas. “Esta falla fue la que produjo el terremoto de Caracas de 1967”, señaló el profesor Delgado.

Al sur de la ciudad, corre de forma paralela la falla de Macuto. Al activarse el sistema sismogénico este miércoles, la liberación de energía superficial fue directa y sin amortiguación, sacudiendo las estructuras de forma trepidante y consecutiva en menos de dos minutos.

Vulnerabilidad urbana y construcciones comprometidas

El Aeropuerto Internacional de Maiquetía refleja cómo la mampostería y los techos de grandes luces sufren ante aceleraciones sísmicas severas. Aunque las terminales no colapsaron totalmente, el desprendimiento masivo de fachadas falsas y divisiones internas obligó al cierre inmediato de la terminal aérea más importante del país.

En sectores históricos y populares como El Guamacho, fundado sobre el cono de deyección del río Osorio, el crecimiento urbano descontrolado obligó a construir viviendas directamente sobre las laderas de la Serranía Litoral o invadiendo los cauces torrenciales. Estas edificaciones, levantadas con precaria estabilidad estructural, sufrieron simultáneamente el embate del sismo y los movimientos de masa, como la caída de bloques rocosos, dejando un saldo de destrucción habitacional que las autoridades aún intentan cuantificar en medio del colapso de las comunicaciones.

Llamados de atención ignorados durante 26 años

“Es imprescindible iniciar una campaña con los habitantes del sector, para que se tomen ciertas medidas por parte de la comunidad, que ayuden a mitigar esta situación”, escribía Delgado hace 26 años. Sin embargo, sus llamados de atención no fueron escuchados. Durante las últimas décadas, los millonarios presupuestos aprobados para planes de ordenamiento territorial, canalización de quebradas y reforzamiento sismorresistente de sectores críticos terminaron perdiéndose o no se ejecutaron correctamente.

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La ausencia de una fiscalización real permitió que se siguieran otorgando permisos de construcción en terrenos no aptos o que el Estado simplemente ignorara la proliferación de asentamientos informales en laderas de alta peligrosidad. Hoy, la falta de inversión en el mantenimiento de infraestructuras clave y la inexistencia de sistemas de alerta temprana accesibles para la comunidad evidencian el costo humano de la desatención estatal.