Un Donald Trump desesperado, y con mucho interés en que no se note su desespero, anunció que hoy o mañana se firmará un acuerdo de paz final con el régimen islámico iraní. El presidente de Estados Unidos bombardeó junto con Israel varios puntos de Irán el pasado 28 de febrero, prometiendo que se trataría de una incursión breve y llamando al pueblo a rebelarse contra sus gobernantes. Varios meses después, con la inflación disparada por los precios del petróleo, su popularidad en bajos históricos, su partido en camino a una derrota contundente en las próximas elecciones y su relación con Benjamin Netanyahu en fricción, el mandatario necesita desentenderse del desastre que creó. Paradójicamente, sus concesiones son más generosas de las que su antecesor, Barack Obama, había hecho en un acuerdo que el republicano decidió romper.
Un conflicto sin plan claro
Lo dijimos en su momento: Donald Trump no tenía un plan. Peor aún, subestimó la manera en que el régimen islámico iba a responder a sus ataques. Supuso que con un par de golpes de alto nivel iba a ser suficiente para cambiar de administración y obtener réditos en la venta del petróleo. Irán hoy vende el 3 % de todo el crudo que se consume en el mundo. Eso, por supuesto, no ocurrió. La insurrección popular no logró materializarse, porque la dictadura del régimen ha debilitado a la sociedad civil en niveles inmanejables y porque Estados Unidos nunca tuvo intención de apoyarlos más allá de los discursos de Trump. Además, con el cierre del estrecho de Ormuz, Irán paralizó buena parte del comercio mundial de petróleo, lo que llevó a la crisis de los precios que se dispararon. China, el principal comprador de crudo de Irán, ha ejercido presión silenciosa y efectiva sobre Trump para que reconozca su error.
Los términos del acuerdo de paz
Entonces, ahora tenemos un acuerdo de paz a medias. Aunque no se conocen todos los detalles, ayer, al terminar una reunión de los países del G-7, Estados Unidos leyó en privado el contenido del pacto. Se anunciaron cerca de USD 300.000 millones descongelados en patrimonio del gobierno iraní que podrán usarse para la reconstrucción del país. También se levantarán sanciones sobre el crudo de ese país, lo que les permitirá cobrar más por sus exportaciones y diversificar a sus compradores. Sobre el programa nuclear, hay promesa de que en 60 días tendrán un nuevo acuerdo, pero ya hemos visto lo que ha ocurrido con los límites de tiempo que propone la Casa Blanca. En el G-7, Trump afirmó que confía en que es el fin de la guerra, porque “saben que vamos a bombardearlos hasta el infierno si violan el acuerdo”.
¿Qué ganó Estados Unidos?
¿Qué logró Estados Unidos con todo el dinero invertido en esta guerra? Muy poco, si somos sinceros. Además del encarecimiento de los precios del crudo y la crisis política en su propio territorio, a nivel internacional siguió debilitando su legitimidad como actor diplomático. Netanyahu, primer ministro israelí, está muy descontento con el acuerdo de paz, mientras que Trump aseguró que “a veces se emociona demasiado” con sus incursiones militares. Qué manera tan terrible de referirse a los crímenes de guerra que se han denunciado y las constantes violaciones de la soberanía en Líbano.
El costo humano del conflicto
Al mundo, eso sí, le queda la imagen de las 175 niñas y profesores asesinados con una bomba en un colegio en Irán, enviada por el ejército estadounidense. Cuando le preguntaron a Trump por eso, respondió: “Nadie hizo eso a propósito. Se cometieron errores. La guerra es horrible”. Vaya sabiduría.
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