Los venezolanos necesitan respuestas y las merecen, en medio de una crisis que no da tregua. Mientras la administración de Donald Trump parece sentirse cómoda con su jueguito de administrar a distancia a Venezuela a través de Delcy Rodríguez, la dictadura chavista ha dejado en evidencia su incapacidad para atender oportunamente a las víctimas de los terremotos ocurridos hace más de una semana. La doble negativa de entrada al país de la premio Nobel de Paz y líder opositora, María Corina Machado, agregó otro motivo de vergüenza para la labor del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio.
Terremotos y corrupción
Los terremotos mostraron cómo el régimen chavista debilitó y saqueó al Estado venezolano. Aún hoy es difícil confiar en las cifras oficiales de muertos y heridos por la falta de instituciones confiables. A pesar del veto informativo, los ciudadanos han logrado publicar videos y relatos que muestran cómo agentes del gobierno aprovecharon el desastre para robar a las víctimas. También se han conocido denuncias de que los ciudadanos tuvieron que asumir por su cuenta el rescate en zonas donde la corrupción del Ejército decidió no actuar. Delcy Rodríguez, presidenta reconocida por Estados Unidos y Colombia, pero vocera de un régimen dictatorial, tambaleó al recibir preguntas de la prensa libre.
Promesas incumplidas
La gente está molesta, exhausta, herida y con poca paciencia. Comprensiblemente. La operación especial mediante la cual Estados Unidos invadió Venezuela y se llevó al entonces presidente Nicolás Maduro vino acompañada de muchas promesas. Seis meses después, Rodríguez sigue atrincherada en el poder, con las figuras más visibles del chavismo mandando en sus feudos. Rubio y Trump, quizá distraídos por el fracaso de su guerra en Irán, parecían haberse olvidado de que estaban administrando a Venezuela, hasta que llegó la tragedia.
Ayuda insuficiente
Para enfrentar los terremotos, Estados Unidos otorgó USD 300 millones y desplegó al menos 2.000 militares en Venezuela. Según Jeremy Lewin, de la oficina de Ayuda Humanitaria del Departamento de Estado, “esta es la mayor respuesta que ha organizado Estados Unidos en lo que va de siglo frente a cualquier desastre natural, en lo que respecta a personal sobre el terreno, dinero y velocidad”. Sin embargo, ese monto y ese despliegue están lejos de ser lo que Venezuela necesita para reconstruirse. Incluso para un observador despistado es obvio que, si no hay una transición democrática, todo habrá cambiado para que todo siga igual: sumido en corrupción y miseria.
Bloqueo a la oposición
María Corina Machado intentó dos veces entrar a Venezuela la semana pasada. La primera vez, el gobierno Trump le prohibió seguir su camino. La segunda, fue una orden dada por Rodríguez desde Venezuela. “El régimen quiere bloquear mi regreso a Venezuela. Quieren enterrar la verdad cuando los venezolanos queremos enterrar a nuestros muertos con dignidad”, dijo. La Nobel ha sido cauta en no herir la susceptibilidad de Trump, pero es evidente que Estados Unidos ha sido cómplice en este bloqueo. Edmundo González, presidente electo en el exilio, lo dijo con claridad: “Un país no puede reconstruirse mientras sus ciudadanos dependan del permiso del poder para volver a casa”. Señor Trump, señor Rubio y señora Rodríguez: ¿cuándo podrán los venezolanos volver a casa?



