Colombia, clave en la elección del próximo Secretario General de la ONU
Colombia, clave en elección de Secretario General de la ONU

Colombia se encuentra en el epicentro de una de las decisiones más trascendentales del sistema multilateral: la elección del próximo Secretario General de las Naciones Unidas. El proceso ha entrado en una fase mucho más concreta, dejando atrás los meros rumores en círculos diplomáticos y los debates sobre si el turno corresponde a América Latina y el Caribe o a Europa del Este. Ahora hay fechas establecidas, audiencias públicas programadas, candidaturas formalizadas, señales de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad y una agenda que, para nuestro país, reviste una importancia particular.

Colombia en el Consejo de Seguridad

El dato central para Colombia es claro: el país ocupa un asiento en el Consejo de Seguridad justo cuando se definirá quién sucederá a António Guterres a partir del 1 de enero próximo. Además, desde el 1 de junio de este año, Colombia ejerce la Presidencia rotativa del Consejo, lo que durante este mes le permite liderar las reuniones formales e informales del órgano y coordinar su programa de trabajo. En este contexto, se produjo un hecho diplomático relevante: el 20 de abril de 2026, la presidenta de la Asamblea General de la ONU, Annalena Baerbock, se reunió con la canciller colombiana Yolanda Villavicencio para conversar sobre el compromiso de Colombia con el multilateralismo, su membresía en el Consejo de Seguridad, la necesaria y ansiada reforma de la ONU y el proceso de selección del Secretario General. En otras palabras, Colombia no observa la elección desde fuera; está en la mesa donde se tomará la decisión definitiva.

El proceso de selección

La explicación formal es sencilla, pero políticamente poderosa. La Asamblea General nombra al Secretario General previa recomendación del Consejo de Seguridad. En la práctica, esa recomendación suele definir el resultado. Para que un nombre avance, necesita al menos nueve votos favorables y que ninguno de los cinco miembros permanentes (Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia y China) lo vete. Por eso, aunque los 193 Estados miembros participan en el proceso, el filtro real está en el Consejo, y allí Colombia tiene voz y voto.

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Candidatos en carrera

La elección ya tuvo una primera fase pública importante. A fines de abril, cuatro candidatos comparecieron en los diálogos interactivos de Naciones Unidas: Rafael Mariano Grossi, de Argentina; Michelle Bachelet, de Chile; Rebeca Grynspan, de Costa Rica; y Macky Sall, de Senegal. Sin embargo, el proceso siguió avanzando: el 11 de mayo fue nominada María Fernanda Espinosa, excanciller de Ecuador y expresidenta de la Asamblea General de la ONU entre 2018 y 2019. Su candidatura no fue presentada por Ecuador, sino por Antigua y Barbuda, un dato diplomáticamente interesante que muestra que, en Naciones Unidas, el país de origen no siempre es el actor que impulsa una aspiración. También es relevante el caso de Bachelet: aunque su candidatura fue impulsada inicialmente por Chile junto con México y Brasil, el gobierno de José Antonio Kast retiró el respaldo oficial chileno, dejando su aspiración sostenida principalmente por los otros apoyos.

Evaluación de viabilidad política

Cada candidatura será evaluada no solo por sus credenciales, sino por su viabilidad política. En una elección de esta naturaleza importan el respaldo estatal, la relación con los miembros permanentes del Consejo de Seguridad y la percepción que cada aspirante genere en Washington, Pekín, Moscú, París y Londres. Los candidatos no serán leídos únicamente por lo que representan individualmente, sino también por las relaciones, afinidades y tensiones de sus países frente a quienes tienen poder de veto.

Señal de China

En ese contexto, una señal reciente de China llamó la atención. Al iniciar su Presidencia rotativa del Consejo de Seguridad, el embajador Fu Cong afirmó que su país estaría feliz de ver a una mujer como Secretaria General y reiteró su apoyo al principio de rotación geográfica. En lenguaje diplomático, este tipo de declaraciones no equivale a un respaldo específico, pero ayuda a marcar el terreno. Cuando uno de los cinco miembros permanentes deja entrever que vería con buenos ojos una candidatura femenina proveniente de una región que reclama su turno, el mensaje pesa.

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Próximos pasos

La etapa verdaderamente decisiva comenzará cuando el Consejo de Seguridad entre en sus propias conversaciones. Entre el 24 y el 30 de julio están previstos los diálogos informales sobre la selección del próximo Secretario General. Ahí el proceso cambiará de tono: pasará de la vitrina pública de las audiencias y los debates al cálculo real de apoyos, vetos y viabilidad política.

Colombia vuelve al centro. No porque decida sola ni porque tenga derecho de veto, sino porque estará sentada en el Consejo en el momento exacto en que se medirá qué candidaturas pueden avanzar y cuáles no. Para un país que además preside el Consejo en junio, esta coyuntura representa una oportunidad diplomática histórica: participar con voz y voto en una decisión que marcará el rumbo de Naciones Unidas en uno de los períodos más complejos del sistema internacional.