Esta campaña presidencial quedó como una de las pocas en las que, desde que se promulgó la Constitución de 1991, no hubo debates entre quienes lideran la intención de voto. Para el balotaje del 21 de junio, ese escenario entre Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda tampoco se movió. En ambas filas querían que fuera así.
Condiciones públicas con un fin claro
Fuentes de los dos bandos confirmaron que las condiciones públicas que se pusieron, que incluían darles manejo a las fórmulas vicepresidenciales —José Manuel Restrepo y Aída Quilcué—, tenían como fin que no se realizaran los debates. La estrategia fue clara: evitar el cara a cara para no exponer a los candidatos a posibles errores o confrontaciones que pudieran afectar sus intenciones de voto.
La ausencia de debates marca un hito en la historia electoral colombiana, donde tradicionalmente se han realizado encuentros entre los aspirantes a la presidencia. Analistas políticos señalan que esta decisión podría haber sido motivada por el temor a perder votantes indecisos o a generar polémicas innecesarias en una campaña ya polarizada.
Por Redacción de El Espectador



