Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella se enfrentarán en la segunda vuelta electoral el próximo 21 de junio. La redacción de El Espectador hace un llamado público a ambos candidatos para que acepten participar en un debate, ofreciendo sus instalaciones como sede, en alianza con otros medios y periodistas independientes. Se considera fundamental que los colombianos puedan escuchar sus propuestas y visiones de país en un espacio de contraste directo.
La necesidad del debate
La primera vuelta transcurrió sin que Cepeda participara en debates, argumentando que su interlocutor era el pueblo y que sus discursos en plazas públicas eran suficientes. Sin embargo, un discurso ante simpatizantes no permite un cuestionamiento profundo de sus ideas. La campaña de Cepeda se negó inicialmente a conceder entrevistas, aunque rectificó hacia el final de la primera vuelta. Un debate ofrece un ambiente donde las propuestas pueden ser evaluadas críticamente, algo que no ocurre entre el clamor popular.
Por su parte, De la Espriella asistió a algunos debates, pero los abandonó al sentirse ganador. Dejó sillas vacías mientras otros candidatos debatían. Ahora, con ventaja en la segunda vuelta, no debe cometer el error de pensar que el contraste es innecesario. Es momento de rendir cuentas al país con preguntas difíciles y verificación de hechos.
Argumentos a favor del debate
Los argumentos en contra de los debates son superficiales. Se ha dicho que no cambian la opinión de los votantes, pero su propósito principal es mostrar a los candidatos en situaciones no controladas, revelando su capacidad de reacción y solidez de propuestas. Además, un debate tiene un simbolismo potente en un país polarizado: reconoce que la democracia implica encontrarse con el otro, escuchar y responder. Las redes sociales crean burbujas; un debate las rompe.
El Espectador invita a los candidatos a aceptar esta invitación, sin más condiciones ni excusas. La democracia requiere deliberación, y los ciudadanos merecen conocer a quienes aspiran a gobernarlos.



