La demora en la entrega de resultados electorales en Perú volvió a poner sobre la mesa una pregunta frecuente entre los ciudadanos de la región: ¿por qué Colombia suele conocer una tendencia definitiva la misma noche de las elecciones mientras otros países pueden tardar semanas en proclamar oficialmente a un ganador?
Diferencias institucionales y tecnológicas
Expertos consultados por Portafolio coinciden en que la respuesta no está en la velocidad de los funcionarios, sino en las diferencias institucionales, tecnológicas y logísticas entre ambos sistemas electorales. Carlos Andrés Arias Orjuela, doctor en psicología política, considera que el modelo colombiano ha demostrado ser eficiente, "asertivo y rápido". A su juicio, las diferencias territoriales, la distribución poblacional y la forma como se procesa la información ayudan a explicar por qué los tiempos no son iguales entre ambos países.
El papel del preconteo en Colombia
Según Margarita Martínez, directora del programa de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad de San Buenaventura Bogotá, Colombia opera bajo un esquema de dos etapas claramente diferenciadas. La primera es el preconteo, un mecanismo de carácter informativo que permite transmitir los resultados reportados por las mesas de votación durante la misma jornada electoral. La segunda corresponde al escrutinio, que tiene efectos jurídicos y se desarrolla posteriormente bajo la supervisión de jueces y comisiones escrutadoras. Esa separación permite que el país conozca una fotografía muy cercana al resultado definitivo pocas horas después del cierre de las urnas.
La experta recuerda que en la primera vuelta presidencial del pasado 31 de mayo la Registraduría informó 121.924 mesas de un total de 122.020, equivalente al 99,92 % del total, durante la misma noche electoral. Posteriormente, el preconteo tuvo una coincidencia del 99,94 % frente al escrutinio definitivo, una cifra que muestra que los ajustes posteriores fueron mínimos.
Perú privilegia la validación jurídica
El caso peruano funciona diferente. Allí no existe un mecanismo equivalente al preconteo colombiano con capacidad de generar una tendencia prácticamente consolidada la noche de las elecciones. Según explica Martínez, el resultado se construye acta por acta y avanza simultáneamente con los procesos de validación jurídica. Esa diferencia se vuelve especialmente visible cuando la elección es cerrada. Actualmente, con el 98,22 % de las actas contabilizadas, Keiko Fujimori registra 9.032.653 votos, equivalentes al 50,002 %, mientras Roberto Sánchez suma 9.032.092 votos, es decir, 49,998 %. La diferencia es de apenas unos votos, una situación que convierte cada acta observada en un elemento potencialmente decisivo para definir el resultado final.
Actas observadas, impugnaciones y recursos
La complejidad del sistema peruano aumenta porque las organizaciones políticas pueden presentar observaciones, reclamos y solicitudes de nulidad sobre determinadas mesas. El presidente del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), Roberto Burneo, advirtió que los resultados podrían conocerse casi un mes después del día de la votación. En la misma línea, el jefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), Bernardo Pachas, estimó que el proceso podría extenderse entre dos semanas y finales de mes. Parte de la explicación está en que existen 450.000 votos en actas observadas que deben ser revisadas antes de proclamar oficialmente a un ganador. A ello se suma la geografía peruana. Las actas físicas deben desplazarse desde distintas regiones hasta las oficinas correspondientes, y la velocidad depende de factores como distancia, conectividad y accesibilidad.
La vigilancia electoral también funciona distinto
Otra diferencia está en los mecanismos de control de los partidos políticos. En Colombia, la Registraduría informó que los testigos cubrieron más del 96 % de las 122.020 mesas instaladas durante la jornada presidencial. En Perú existe una figura equivalente llamada personero. Estos representantes pueden observar el proceso, firmar actas, presentar observaciones e incluso solicitar nulidades. Durante la segunda vuelta participaron 108.000 personeros, distribuidos entre las organizaciones políticas en competencia. Sin embargo, expertos citados en el análisis advierten que la cobertura efectiva de todas las mesas sigue siendo un desafío.
Lo que ambos países podrían aprender
Los especialistas coinciden en que ninguno de los dos sistemas es perfecto. Martínez considera que Perú podría beneficiarse de un esquema similar al preconteo colombiano para reducir los periodos de incertidumbre que suelen abrir espacio a especulaciones y teorías de fraude. Al mismo tiempo, señala que Colombia podría aprender de la trazabilidad documental peruana. El sistema vecino genera varias copias de las actas y otorga a los representantes partidistas un papel más activo en la revisión de controversias. La discusión también demuestra que la rapidez no elimina la desconfianza. La propia experta recuerda que, pese a la velocidad y precisión del preconteo colombiano, surgieron cuestionamientos posteriores sobre el proceso electoral y llamados a esperar los resultados oficiales de las comisiones escrutadoras. Al final, ambos países persiguen el mismo objetivo: garantizar elecciones legítimas y transparentes. La diferencia es que Colombia privilegia una rápida entrega de información al ciudadano, mientras Perú apuesta por una validación jurídica más extensa antes de confirmar quién será su próximo presidente.



