Mario Mendoza: "Construimos una sociedad inmunda, perversa y maligna"
Mario Mendoza: "Construimos una sociedad inmunda y perversa"

El escritor colombiano Mario Mendoza, de 62 años y nacido en Bogotá, afirmó en una entrevista con EFE en São Paulo que la sociedad actual es "inmunda, perversa y maligna", y que acorrala a ciertas sensibilidades hasta llevarlas al abismo, volviéndolas capaces de asesinar. Mendoza visitó la ciudad brasileña para el lanzamiento en portugués de su emblemática novela 'Satanás' (2002), y ofreció una cruda radiografía de la contemporaneidad, donde las exigencias sistémicas y la alienación tecnológica empujan a la población hacia un colapso mental.

El colapso mental en la sociedad del hiperrendimiento

Mendoza explicó que, en la sociedad del hiperrendimiento, llega un momento en que la persona "revienta", evocando las teorías del filósofo Byung-Chul Han sobre las patologías del cansancio moderno, que detonan depresiones crónicas y síndromes de fatiga. "La sociedad te exige ser exitoso, te exige ser delgado", describió el autor, señalando que en ese ritmo frenético se gesta el colapso definitivo. "No te puedes levantar de la cama y no quieres abrir las cortinas ni ver a nadie", expresó, y agregó: "Ahí ya cruzaste la línea. Tú dices '¿qué me pasa? Estoy en un autobús y me pongo a llorar'. Pasa que ya estamos todos fracturados, todos escindidos, todos rotos".

La vigencia de 'Satanás' y la masacre de Pozzetto

Para el autor de 'La Hora de los Lobos' (2026), esta olla a presión social conecta directamente con el trasfondo de 'Satanás', su obra inspirada en la masacre de Pozzetto perpetrada en Bogotá en diciembre de 1986, que dejó 29 personas asesinadas y 15 heridos. El asesino, Campo Elías Delgado, fue compañero de clase de Mendoza, con quien compartió discusiones sobre la dualidad humana a través de obras como 'Dr. Jekyll y Mr. Hyde', de Robert Louis Stevenson. 'Satanás', lanzada en 2002, sigue siendo "un espejo incómodo" del que la gente prefiere apartar la mirada, aunque está más vigente que nunca.

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El Síndrome de Amok y la exclusión social

Frente al mito de que estamos a un día malo de perder la cordura, Mendoza apunta a una construcción mucho más profunda: años de exclusión y silencios cotidianos que van minando la mente humana. Este desgaste silencioso, en sus estados más agudos, deriva en el Síndrome de Amok, que explica a los asesinos "relámpago" como Elías Delgado. "Ese individuo hizo eso porque antes fue injuriado, víctima de otros: de 'bullying', de matoneo permanente. Lo escupieron, lo vilipendiaron, lo segregaron", detalló el autor. Y advirtió: "La pregunta no es por qué estos sujetos hacen lo que hacen, sino cómo es posible que no haya más, porque lo que hemos hecho es fabricar el horror una y otra vez, repetidamente".

La complicidad social y el odio digital

El bogotano, que dice dejar lo "políticamente correcto" a las nuevas generaciones, afirma que las personas prefieren tercerizar las culpas. "Cuando uno piensa en el mal, uno cree que está del lado del bien. No conozco a ninguna persona que diga 'yo estoy del lado de los malos'", explicó. Sin embargo, Mendoza expone la complicidad de una sociedad que practica diversos grados de "conformidad brutal para poder estar, fluir y formar parte". En urbes como Bogotá, São Paulo o Ciudad de México, coexisten distancias sociales abismales, donde buena parte de la población está "masacrada", carece de acceso a la salud o está privada de hacer "las tres comidas diarias". "Es una cantidad de gente que excluimos y seguimos con nuestra vida como si no pasara nada", exclamó.

Esto se potencia en el entorno digital, donde lo que "mueve" la red es "principalmente el odio, el anonimato, la violencia". "El odio es una pasión viral transpolítica que se extiende rápidamente. Si yo llamo al odio, el odio inmediatamente me reproduce seguidores", dijo. Al sumergirse en lo virtual, las personas se radicalizan y se alejan de la posibilidad de construir un tejido social. "Tú ya no puedes conversar, no puedes discutir, inferir, calcular, sopesar, concluir... hay una cantidad de procesos mentales que no se están haciendo", lo que genera que la comunidad se divida en "tribus" que defienden sus creencias "con el garrote en la mano", exclamó.

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