El concepto de milagro puede abordarse desde dos perspectivas. La primera, la convencional, se refiere a un hecho excepcional y, a primera vista, imposible. La segunda, propuesta por el teólogo jesuita Carlos Bravo en su estudio sobre el Éxodo, sostiene que la realidad fáctica no es lo relevante. La discusión técnica sobre la existencia del maná o la veracidad de la separación de las aguas del mar Rojo deja de ser central. Lo verdaderamente importante es la capacidad de una comunidad para elaborar un relato, transformar su vivencia en una Palabra que ha logrado aglutinar y consolidar al pueblo de Israel. La vivencia comunitaria construye una narrativa que incorpora hechos, sin importar su evidencia.
La interpretación audaz de Bravo
Bravo propone que es a partir del relato, fruto de la creencia, de donde nace el fenómeno sorprendente de la separación de las aguas. Desde la creencia se “objetiva” un acontecimiento excepcional que reafirma la preferencia de Yahvé por Israel. El relato transforma la información y solo en este contexto es comprensible el mensaje bíblico de “¡Moisés separó las aguas!”.
Para que haya consistencia entre el relato y el hecho milagroso se requiere la “certeza moral”, categoría de Bravo que resuelve la tensión entre creencia y facticidad. Con lucidez, concluye que el relato tiene “mayor eficacia que el milagro físico”. La certeza moral garantiza el dinamismo de la comunidad. Por ello, la cristiandad no exige análisis científicos sobre la resurrección, la asunción o la virginidad. El misterio adquiere sentido en la certeza moral de los creyentes; la evidencia cede ante la fuerza de la fe.
La Patria Milagro de De la Espriella
La propuesta de la Patria Milagro de Abelardo de la Espriella puede interpretarse a la luz del mensaje de Bravo. La fortaleza del mensaje no está en su facticidad, sino en la coherencia del relato, que permite defender hechos sin evidencia en la realidad. El éxito del relato se expresó en la elección del candidato. Ello no significa que los hechos reales respalden el discurso. Allí está el milagro.
Dos visiones del milagro
En la versión convencional, el milagro es la intervención excepcional que transforma un evento real: ¡resucitó!, ¡caminó sobre las aguas!, ¡subió a los cielos! Desde esta perspectiva, es un evento fáctico. En la mirada de Bravo, por el contrario, el milagro es la construcción de un relato imaginario con tanta fuerza que afirma contundentemente una experiencia, aunque no tenga asidero en la realidad.
Este es el sentido perfecto del Milagro de Abelardo. Ha construido un relato tan contundente que la comprobación de los hechos reales no importa, porque los acontecimientos son incorporados a la creencia. La fe ocupa todo el espacio. No importa la realidad. Actualmente, Moisés no tiene que responder por la facticidad de la separación del mar Rojo. Ya no importa lo que realmente pasó, porque en la versión del sionismo radical esta creencia justifica la violencia en Gaza. Tampoco María tiene que responder por el misterio de su virginidad, ni Jesús por la verdad de su resurrección. El problema que tendrá Abelardo como gobernante es la imperiosa obligación de responder por la facticidad de su relato, y apenas tiene cuatro años para hacerlo.



