El fin de semana pasado, el gobierno saliente, encabezado por Gustavo Petro, protagonizó un nuevo espectáculo bochornoso en redes sociales. Confirmó definitivamente su posición frente a las elecciones, después de que su heredero, Iván Cepeda, cambiara de postura en varias ocasiones sobre el reconocimiento —o no— de los resultados electorales. Petro dijo textualmente: “Quien ganó las elecciones por voto popular fue Iván Cepeda”, mostrando, una vez más, el talante autoritario que tanto lo identifica.
Convocatoria a marchas y desobediencia civil
A su vez, convocó a marchas el 20 de julio para defender la “elección democrática” de Iván Cepeda y, una vez más, las reformas sociales de su gobierno. A todas luces estamos ante un golpe institucional. No reconocer los resultados de las elecciones y, al mismo tiempo, llamar a la ciudadanía a la desobediencia civil es la combinación perfecta de un proyecto político autoritario.
Tensión en el proceso de empalme
Lo anterior se suma a lo sucedido en el proceso de empalme. El viernes pasado, durante su instalación formal, el ministro de Hacienda, Germán Ávila, se mostró incómodo e incluso molesto cuando el vicepresidente electo, José Manuel Restrepo, le mencionó las siete alertas que nos inquietan sobre un manejo sospechoso que podría derivar en grandes casos de corrupción. Ante esto, Ávila expresó —como quedó grabado y publicado— que ellos también tenían serias diferencias con el gobierno de De La Espriella (¿qué diferencias se pueden tener con un gobierno que ni siquiera ha empezado a gobernar?) y que, según él, el empalme no era el espacio para plantear esas alertas.
Renuncia del ministro de Justicia
El lunes, el hasta ese momento ministro de Justicia se distanció de la postura autoritaria de Petro y expresó que él sí —por fin uno cuerdo— reconoce a De La Espriella como el presidente electo. Pocas horas después, Petro pidió su renuncia. Ese mismo lunes, Petro trinó nuevamente desconociendo los resultados electorales e insistió en que Cepeda era el presidente electo. Luego dijo que “el empalme es con el pueblo”.
Suspensión del empalme por el presidente electo
El martes en la mañana, anticipándose a lo evidente, el presidente electo, Abelardo De La Espriella, suspendió el proceso de empalme, pues no tiene sentido hacerlo con un gobierno corrupto que ni siquiera reconoce los resultados de las elecciones.
¿Qué nos espera?
Si seguimos la misma línea, en la que Petro dice que Cepeda es el presidente, no debemos sorprendernos cuando el 7 de agosto se invente una forma de “posesionar” a Cepeda, si es que así se le puede llamar a ese show. Asimismo, no extrañaría que en estos días iniciara un proceso de empalme con el equipo de Cepeda y llevara a cabo todos los actos protocolarios para reconocerlo como presidente.
Todo lo anterior es apenas la punta del iceberg de lo que hizo este gobierno durante cuatro años. Estamos frente a un personaje que no ha hecho más que subvertir el orden constitucional que tanto le incomoda. Un golpe de Estado, que irónicamente lidera quien semanalmente salía a redes sociales a decir que estaba frente a un “golpe blando”.
Defensa de la democracia
Petro es un golpista. Cepeda, su títere, también lo es. No hay de qué sorprenderse. Era apenas lógico suponer lo que pasaría. Llegó la hora de defender la democracia, por la razón o por la fuerza de la ley y la Constitución.



