En su columna 'Redacción al desnudo', Fidel Cano aborda un incidente reciente que sacudió los cimientos del periodismo colombiano. Todo comenzó con un rumor que, como un reguero de pólvora, se propagó por redes sociales y medios digitales. La historia, que involucraba a figuras públicas y situaciones comprometedoras, resultó ser falsa. Pero el daño ya estaba hecho: la credibilidad de varios medios quedó en entredicho y el público demostró, una vez más, su voracidad por el chisme sin verificar.
El poder del rumor
El autor reflexiona sobre cómo un simple chisme logró colarse en las redacciones más prestigiosas. 'Nos metieron los dedos a la boca', escribe, refiriéndose a la facilidad con la que los periodistas aceptaron una historia sin contrastar fuentes. La presión por ser los primeros en dar la noticia, sumada a la falta de rigor, permitió que la desinformación se disfrazara de verdad.
Lecciones para el periodismo
Este episodio deja varias enseñanzas. Primero, la importancia de la verificación: ningún titular vale la pena si no está sustentado en hechos. Segundo, la responsabilidad del periodista como filtro de información. En la era de las redes sociales, donde cualquiera puede publicar, el rol del periodista se vuelve crucial para separar la realidad de la ficción.
Fidel Cano también critica la actitud del público, que consume sin cuestionar. 'El chisme vende', admite, pero advierte que ese camino lleva a la erosión de la confianza en los medios. La solución, propone, está en la educación mediática y en fomentar un consumo crítico de información.
Un llamado a la ética
La columna concluye con un llamado a la ética profesional. 'No podemos permitir que el sensacionalismo nos gane la partida', afirma. Los periodistas deben recordar que su deber es informar con verdad, no alimentar rumores. Solo así se podrá recuperar la credibilidad perdida y construir un periodismo más sólido y confiable.



