La campaña del nuevo gobierno demostró la capacidad administrativa necesaria para cumplirle a Colombia y cambiar la política en el país. Es hora de enfocarse en lo prioritario y evitar la tentación de la dispersión. Este columnista opina que la corrupción exige mejores instituciones públicas; la violencia se mitiga si hay eficacia judicial y policiva; la prosperidad para todos se logra con políticas públicas acertadas, y la confianza se construye con seriedad y buen ejemplo.
Enfrentar a grupos ilegales y reformar la lucha antidrogas
Se ofrecen sugerencias específicas: Enfrentar sin temor a los grupos ilegales armados y concentrar la prevención del narcotráfico en los laboratorios y las costas. Los propietarios de la tierra harán la erradicación de la coca si hay política agroindustrial. Será preciso proteger las cadenas productivas de la volatilidad de la tasa de cambio mientras se diversifica la canasta exportadora.
Simplificación tributaria y protección comercial
Comprometerse con el uso eficiente de recursos escasos. Se necesita una simplificación radical del estatuto tributario: no basta bajar la tasa para las sociedades comerciales y suprimir el gravamen a las transacciones financieras. En 1974 se hizo una verdadera reforma estructural y funcionó, pero pronto comenzaron los privilegios. Hoy el estatuto es un ladrillo. Entre más sencilla sea la norma, más fácil será combatir la irregularidad. De otra parte, las medidas no arancelarias hoy brindan una protección efectiva mayor que la existente antes de la apertura de 1991. Los empresarios también deben revisar su gestión a fondo para construir la Patria Milagro.
Transparencia y descentralización
Cultivar la transparencia. No debe haber negociación directa en nada ni con nadie. Los programas de obras por impuestos deben hacerse mediante procesos competitivos, así parezca complejo. Ajustar los procesos públicos al propósito de la Constitución. Construir el Estado social de derecho, fundado en el respeto y la solidaridad, requiere resolver contradicciones. La Asamblea de 1991 conservó el presidencialismo y el centralismo de la Carta de 1968. Desordenó las reglas sobre los partidos; dos intentos por arreglar este asunto, crucial para construir democracia, han fracasado. Abrió espacio para la articulación eficaz entre el gobierno central y los territorios mediante la integración de departamentos en regiones, pero no la concretó. Conviene hacer la regionalización y descentralizar el gobierno central en forma correlativa para mejorar la calidad de la gestión.
Control financiero y comunicación
Establecer un control atado al registro de transacciones. Hoy la contabilidad está en el Ministerio de Hacienda y no es una herramienta para la toma de decisiones. Ojalá el tema se integre con la planeación, la evaluación de proyectos, la revisión de procesos y la provisión de servicios cibernéticos para todo el gobierno central. El capital internacional denomina contraloría a este conjunto de tareas; debe organizarse y descentralizarse. Robustecer la estrategia de comunicación con los colombianos. Su destreza en esa materia es notable. Si el pueblo recibe la información sobre los proyectos de ley de forma muy clara y sencilla, el legislador responderá al impulso de la opinión. Cultivar relaciones con políticos de ambos partidos de EE.UU. No cometa el error de A. Uribe. Las cosas pueden cambiar.
Recomendación personal
Lo último es personal: renuncie a toda nacionalidad diferente de la colombiana. Así evitará posibles conflictos de interés. Colombia saldrá adelante porque ustedes pueden y quieren hacer la tarea.



