La revista The Economist publicó el 25 de junio un análisis sobre la 'trumpificación' de Latinoamérica, incluyendo dos artículos y un episodio de podcast. El medio británico examina cómo, desde el regreso de Donald Trump al poder en 2025, la derecha ha ganado elecciones presidenciales en la región, con un énfasis en una derecha populista que adopta discursos punitivos y no oculta su apoyo explícito al presidente estadounidense.
El auge de los 'trumpitos' en la región
Según The Economist, el votante latinoamericano está premiando ahora a una derecha más extrema, con un discurso radical sobre crimen, migración y orden, siguiendo el 'estilo' Trump. Uno de los artículos incluye en su título la palabra 'trumpitos', un diminutivo que describe a estos líderes como copias menores del expresidente estadounidense. Entre los ejemplos mencionados están Abelardo de la Espriella en Colombia, Javier Milei en Argentina, José Antonio Kast en Chile, Nayib Bukele en El Salvador, Daniel Noboa en Ecuador, Nasry Asfura en Honduras, Keiko Fujimori en Perú y Jair Bolsonaro en Brasil.
La autora del artículo, Catalina Uribe Rincón, señala que el término 'trumpitos' no solo se aplica a la derecha. 'Puede haber trumpitos de izquierda, como lo vimos con Petro, Maduro, Chávez, Morales, Correa, Ortega, o de cualquier corriente política cuando el poder termina convertido en un culto a la personalidad', escribe.
Degradación de la figura presidencial
Uribe Rincón reflexiona sobre cómo la presidencia ha dejado de ser una institución que contiene el poder para convertirse en la exhibición de una personalidad. 'El cargo se reduce al cuerpo, al gesto, al insulto, al apodo, a la amenaza, a la escena viral', afirma. El diminutivo 'trumpitos' empequeñece a estos líderes, convirtiéndolos en 'versiones derivativas, imitaciones tropicales de una estética del poder que ya venía en caída: exceso, vulgaridad, amenaza, masculinidad performada, desprecio por la verdad y odio a cualquier mediación institucional'. Un trumpito, según la autora, no es necesariamente un presidente fuerte, sino 'casi siempre una caricatura de una fuerza que no llega a serlo'. No encarna la autoridad, la sobreactúa.
El poder como culto a la personalidad
La autora recurre a Gabriel García Márquez y su novela 'El otoño del patriarca' para ilustrar cómo el poder absoluto se manifiesta en cuerpos en descomposición, palacios podridos, olores, excesos, soledad y decadencia. 'El poder que se descompone es presentado como algo inevitablemente ligado a un cuerpo feo, que hiede, se descompone y se vuelve insoportable', escribe, citando la imagen del cuerpo 'ensopado de mierda y de lágrimas'.
Uribe Rincón concluye que lo relevante hoy no es preguntarse si estamos ante un triunfo de la derecha o de la izquierda, sino si estamos viendo el deterioro y descomposición de la figura presidencial. 'Hemos concentrado demasiadas expectativas en una sola persona. Buscamos salvadores, liberadores, mesías, y siempre aparece algún oportunista dispuesto a ocupar ese lugar', afirma.
Los límites del presidencialismo
La autora sostiene que no estamos viendo los límites de la democracia, sino los del presidencialismo. 'En sociedades cada vez más diversas e interdependientes, gobernar no debería depender del carisma, la rabia o el temperamento de una sola persona, sino de la capacidad de construir consensos', argumenta. Propone sistemas que obliguen a negociar de manera permanente, donde los partidos importen, quizá como en algunos sistemas parlamentarios, donde el otro siga siendo adversario, pero no pueda ser convertido tan fácilmente en enemigo público absoluto.



