Eduardo Lora: La baja fecundidad en Colombia es una oportunidad, no una tragedia
Baja fecundidad en Colombia: oportunidad, no tragedia

El debate demográfico en Colombia: más allá del alarmismo

En Colombia se ha instalado un relato alarmista sobre la caída de la tasa de fecundidad, presentándola como una tragedia demográfica que amenaza con cerrar colegios, reducir la matrícula universitaria y hacer impagables las pensiones. Sin embargo, el economista Eduardo Lora, autor del libro "Los colombianos somos así", propone una mirada diferente: esta transición demográfica no es necesariamente un problema, sino una oportunidad para transformar el país.

De la explosión demográfica a la oportunidad estructural

Colombia experimentó una rápida transición demográfica sin haber construido un Estado de bienestar sólido ni una economía suficientemente productiva. Durante décadas, el país se quejó -con razón- de tener demasiados hijos para tan pocos recursos. Ahora, cuando la fecundidad ha caído a la mitad de lo necesario para mantener la población, el discurso se ha invertido: de la "explosión demográfica" hemos pasado a la "bomba de tiempo del envejecimiento".

"Quizás el problema central no es el número de personas, sino la incapacidad de adaptar las instituciones a la realidad demográfica de cada momento", señala Lora. Sí existen desafíos reales: una fecundidad demasiado baja implica más personas mayores, sistemas de pensiones tensionados y transformaciones profundas del mercado laboral. Pero usar estos riesgos como excusa para pedir más nacimientos -sin cambiar nada más- es una forma elegante de no tocar intereses establecidos.

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Tres oportunidades que abre la baja fecundidad

Según el análisis de Eduardo Lora, la caída de la fecundidad en Colombia abre al menos tres grandes oportunidades:

  1. La oportunidad educativa: Con menos niños, el objetivo razonable no es "llenar" escuelas y universidades, sino mejorar la calidad educativa. Esto significa más maestros por estudiante, mejores infraestructuras, más jornada única real y mayor acompañamiento socioemocional. El cierre de algunos colegios o la reducción de cupos universitarios no es una catástrofe, sino una invitación a reconvertir capacidad ociosa en calidad y en formación continua para adultos.
  2. La oportunidad para la igualdad de género y el trabajo de cuidado: La fecundidad baja es resultado de más educación femenina, más acceso a anticoncepción, más aspiraciones laborales y menos tolerancia a la maternidad forzada. "En vez de lamentar que haya 'pocos niños', podríamos preguntarnos cómo aprovechar este momento para crear un sistema de cuidados que libere tiempo a las mujeres", afirma Lora. Con menos nacimientos, el cuidado deja de estar concentrado en la niñez y se desplaza hacia adultos mayores y personas con discapacidad, exigiendo políticas concretas como centros de cuidado, atención domiciliaria y protección social adecuada.
  3. La oportunidad fiscal y productiva: Un país con menos dependientes jóvenes puede invertir más por persona en salud, educación, infraestructura y transición energética. Los beneficios del llamado "bono demográfico" no resultan de tener muchos jóvenes, sino de que haya más trabajadores en empleos de alta productividad, incluso más allá de las edades legales de jubilación.

La trampa narrativa y el doble estándar

El pánico por la baja fecundidad suele ocultar una trampa narrativa: se presentan como "inevitables" los costos de no haber hecho las reformas a tiempo. Si el sistema pensional es regresivo, si subsidia desproporcionadamente a quienes más tienen, si la informalidad es masiva, cualquier cambio demográfico se vive como amenaza. Culpar al número de nacimientos es más sencillo que reconocer que el sistema está mal diseñado.

Además, existe un curioso doble estándar. Cuando la fecundidad era alta, se culpaba a los pobres por "tener tantos hijos" y se les pedía responsabilidad. Hoy, cuando la fecundidad cae, se les pide a las mismas mujeres que sean patriotas reproductivas y llenen los vacíos de un sistema que no les garantiza ni empleo digno, ni cuidados, ni ingresos suficientes en la vejez. Se les niega autonomía en ambos escenarios.

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La pregunta fundamental

La pregunta honesta, según Eduardo Lora, no es si debemos "subir" o "bajar" la fecundidad como si se manejara desde un termostato. La pregunta es qué tipo de sociedad queremos construir con la población que tenemos y la que tendremos: una sociedad que se aferra a instituciones diseñadas para el Colombia de los años setenta, o una que reconoce que menos nacimientos pueden ser una segunda oportunidad para cuidar mejor, educar mejor y trabajar mejor.

"La verdadera tragedia no es que nazcan menos niños. La tragedia sería desperdiciar esta transición demográfica lamentando lo que fuimos, en vez de aprovecharla para transformar lo que somos", concluye el economista.