Propuesta de debate de Cepeda: un escenario de complicidad política
Debate de Cepeda: un escenario de complicidad

El candidato del continuismo, Iván Cepeda, lanzó una propuesta para debatir con la candidata Paloma Valencia y Abelardo De La Espriella, una invitación que ambos ya le habían extendido en repetidas ocasiones. Cepeda, quien ha evitado debates y cámaras durante meses, ahora exige condiciones extrañas para realizar el debate, buscando más complicidad que imparcialidad.

Un debate a la medida del oficialismo

El candidato que menos ha participado en los debates presidenciales, junto con De La Espriella, quiere imponer reglas que limitan la democracia. Su objetivo es tener un debate cómplice donde no se puedan hacer preguntas fuera del libreto ni mencionar su complicidad con un Gobierno lleno de escándalos. Propone evitar contra preguntas y probablemente elegir un moderador de confianza, como Hollman Morris o Juliana Guerrero, para controlar el escenario.

Temas incómodos que quedarían fuera

En ese formato, no se hablaría del fracaso de la Paz Total, que multiplicó las violencias mientras el Estado se replegaba ante grupos armados. Tampoco se discutiría la crisis del sistema de salud, las decisiones improvisadas del Gobierno o los episodios de corrupción que rodean a la administración que Cepeda representa. Menos aún se abordarían las alianzas políticas que contradicen su discurso moralista.

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Este debate simularía confrontación pero evitaría el escrutinio real. Está diseñado para que el candidato repita consignas sin explicar contradicciones, silencios o responsabilidades políticas frente al rumbo del Gobierno que respalda.

La lógica democrática del debate

Los debates existen para someter a los candidatos a preguntas difíciles, obligarlos a explicar decisiones y confrontar sus discursos con la realidad. Cuando un candidato pretende definir qué preguntas se pueden hacer, no busca imparcialidad sino control, el mecanismo preferido de quienes quieren evitar la rendición de cuentas.

El problema no es que Iván Cepeda quiera debatir, sino el tipo de debate que propone: uno donde el libreto pesa más que las preguntas y la puesta en escena reemplaza el ejercicio democrático que los ciudadanos esperan de quienes aspiran a gobernar el país.

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