En los medios y entre algunos analistas se habla de una coyuntura en la que los electores de primera vuelta presidencial supuestamente se mueven entre dos extremos: la Paloma de Uribe y Cepeda, el guerrillero asesino de un candidato, comunista de la Unión Soviética. Sin embargo, la Paloma no se presenta con su identidad verdadera, sino como paloma de centro derecha. Pero pocos se engañan: ella es del Centro Democrático, nombre contradictorio con su catadura. Últimamente, apoyada en Oviedo, sonríe a todos, apacigua el berrido en discursos, besa niños y saluda a campesinos y viandantes, incluso a poblaciones negras, mestizas o indígenas como Aída Quilcué, a quien debe enfrentar. Esa gente exótica que la Paloma quisiera confinada al otro Cauca que ella recetó, el de los plebeyos, el de la Colonia esclavista donde dominaban sus ancestros halcones, incluido su abuelo Guillermo León Valencia, reconocido cultor de la cetrería de patos, o su bisabuelo Guillermo, poeta que propugnó la pena de muerte y maltrató a Quintín Lame.
Centro derecha, centro izquierda: diferencias sutiles
¿Sabe alguien la sutil diferencia para que no deje de ser centro? Los que se reclaman de un lado o del otro, quizá con la única excepción de Claudia López, tienen un recurso que ningún periodista se atreve a evidenciar: el silencio conveniente y cauto. ¿Ha visto usted que Juan Roberto Vargas, Néstor Morales, Julito y sus agresivos como Alvira o Vanesa, con sesgo derechista, pregunten a los de centro qué opinan sobre la paz, las drogas, la reforma agraria, laboral, de justicia, pensional, de salud o educación? Políticas concretas con pasos definidos, no solo aumentar el pie de fuerza y fumigar. ¿O ha visto que Fajardo, Alejandro Gaviria, Aníbal Gaviria o Mauricio Cárdenas tomen la iniciativa de responder sobre los verdaderos problemas?
El silencio sobre temas cruciales
Para los periodistas que sabemos, lo importante es informar quién se va con quién, los escándalos privados o públicos, las marrullas de Uribe, las torpezas de Petro o las amenazas de De la Espriella. Pero nadie cuestiona el silencio de los candidatos de centro y derecha sobre la paz, la seguridad imposible mientras se mantenga la política del gran sector financiero mundial que se beneficia de la guerra de las drogas, los conflictos por la tierra, laborales y sociales derivados de la falta de servicios públicos y derechos básicos.
Centros y centros: la coherencia de Humberto De la Calle
Hay centros y centros. Humberto De la Calle, por ejemplo, demostró con sus obras que no se necesita una etiqueta: su acción en el Proceso de Paz culminado en 2016 atrajo a los violentos a la paz. A estos gestores del Acuerdo se les llama de centro, pero su militancia es clara: con la paz, con el orden de la justicia, no el orden a la fuerza. No creo que se vayan a volar con la Paloma.
Iván Cepeda: el único con propuestas claras
Es evidente que el único candidato que propone ocuparse de esos derechos con orientación definida es Iván Cepeda. Aún podría ser más preciso en los detalles de su programa y dejar claro que no es una prolongación de Petro, sino del Plan de Desarrollo que en parte se ha dejado sin cumplir. La Paloma y los del centro que ella quiere atraer saben que lo mejor es no decir nada sobre aquellos asuntos cruciales; en el fondo creen que es mejor mantener el statu quo, la inercia de siempre, pero predicar que serán el cambio necesario.
El destino de los candidatos de centro
Todos esos candidatos: el lunático De la Espriella, Restrepo su sancho panza, los cautos tipo Fajardo, fatalmente van a terminar en la primera vuelta dando Cara al Sol de Uribe y en brazos de la Paloma de extrema derecha. Si llegaran a ganar, con cuota burocrática en el gabinete o embajada, como los demás que aguardan en la sombra: el otro Cepeda conservador, César Gaviria liberal de extrema derecha, y los furiosos uribistas de Antioquia, Andrés Julián Rendón y el Fico inefable. Todos felizmente centrifugados a uno de los extremos que dicen detestar. Será eso o la muerte política para todos ellos.



