Según Rodrigo Lara, la llamada Operación Júpiter tendría como objetivo inflar artificialmente la imagen de Cepeda en la percepción pública, utilizando bodegas y alterando encuestas. Esto es de una gravedad inmensa por las nefastas consecuencias que cualquiera puede imaginar. Mi primera impresión, al enterarme del rifirrafe entre Semana y La Silla Vacía, fue que se trataba de un fake muy sofisticado impulsado por un medio digital desconocido hasta ahora: Revista Raya.
Victimización cruzada
La campaña de Cepeda se victimiza, acusando a la derecha de querer ganar manipulando emociones y favoreciendo a Paloma Valencia mediante miedo, indignación e incertidumbre. La representante Carrascal, del Pacto Histórico, califica esto como una campaña sucia y emocional para influir en el voto. Coinciden así los dos extremos en victimizarse ante algo que no pasa de ser un runrún de medios digitales que buscan protagonismo.
¿Estrategia conspirativa?
Con el pomposo nombre de Operación Júpiter se pretende generar una expectativa conspirativa de alto riesgo, cuando los intereses de los candidatos más opcionados se ven afectados. ¿Causaría temor que se organicen talleres y charlas dirigidas a trabajadores en las empresas? Sería ridículo. ¿Generar miedo, indignación e incertidumbre frente a los dos candidatos punteros? Válgame Dios. ¿Divulgar mensajes críticos hacia sectores del gobierno actual y su candidato tendría algún efecto, cuando sobran en las redes sin necesidad de tal operación? Dan ganas de reír.
Bodegas y candidatos
Activar bodegas para posicionar la candidatura de Paloma Valencia estaría entre las acciones de esta misteriosa operación. Reciclan a un olvidado Jaime Bermúdez como cabeza de la estrategia, que no cabría sino en la mente de un guionista de cine de espionaje. Pero Bermúdez no está solo: organizaciones y think tanks estarían involucrados en esta siniestra manipulación. La víctima de siempre, Cepeda, pide a la Fiscalía investigar si hay delitos, en lo que ese inútil personaje es experto.
Reacción de Abelardo de la Espriella
Por su parte, la campaña de Abelardo de la Espriella ve en esta operación una muestra del terror de sus oponentes al ver que su candidatura ha despertado un fervor popular no visto desde 2002. En fortines petristas como Nariño, su convocatoria ha sido exitosa, movilizando a miles de seguidores, lo que pone en alerta a la campaña de Paloma Valencia y especialmente a la de Cepeda, que ve cómo un independiente crece mientras su campaña encuentra un tope que quizás baje, pero no suba.
Esperanza de cambio
Quienes guardamos esperanza de un cambio radical en la manera de gobernar, luego de tantos fracasos, vemos cómo Abelardo, junto a José Manuel Restrepo, confirma que sí es posible. Lo que nadie esperaba, tras estos años catastróficos, es que surgiera una opción que supera las mayores expectativas en un país escéptico ante un futuro incierto. La llegada de la libertad a Venezuela, Cuba y Nicaragua, gracias a Donald Trump y Marco Rubio, da un giro radical a una región que veía todo perdido. Ninguna jugarreta podrá interponerse a un destino brillante. Podrán inventarse operaciones Júpiter, Marte, Luna o Saturno, pero tendríamos que ser muy estúpidos para caer en esas trampitas.



