Paloma Valencia lanza acusaciones sin pruebas contra Iván Cepeda en medio de campaña electoral
En un movimiento político calculado, la senadora Paloma Valencia ha iniciado una campaña agresiva para desprestigiar a la izquierda, vinculando sin evidencias al senador Iván Cepeda con el asesinato de Miguel Uribe Turbay. Esta estrategia, que la Fiscalía atribuye a la Segunda Marquetalia, busca sembrar dudas sobre los procesos de paz y debilitar a los contendores presidenciales.
Una táctica para descalificar los logros de paz
Valencia no se detiene en las acusaciones infundadas. En el Senado, ya había señalado a Cepeda como asesino, exclamando dramáticamente: “No me vaya a mandar matar”. Esta actitud contrasta con su silencio durante el gobierno de la seguridad democrática, que dejó 6.402 víctimas inocentes. Así, mata dos pájaros de un tiro: pone en entredicho a su rival y desacredita cualquier intento de paz negociada.
El uribismo, al que pertenece Valencia, mezcla deliberadamente la Paz de 2016 con los fracasos de la Paz Total, atribuyendo errores del gobierno actual a acuerdos anteriores. Esto no es un simple ajuste, sino un intento de borrón y cuenta nueva, sugiriendo que medio país está siendo entregado al “neocomunismo”.
Los errores de la Paz Total y su impacto en la violencia
La impericia y el adanismo del Gobierno en la implementación de la Paz Total han exacerbado la violencia histórica, comprometiendo la soberanía estatal en un tercio del territorio. Grupos criminales como disidencias, el Clan del Golfo o frentes del ELN ahora controlan regiones enteras, administrando justicia, manejando el erario y dominando la economía local.
En el Catatumbo, por ejemplo, la crisis ha dejado 126 muertos, casi cien mil desplazados y treinta mil confinados en poco más de un año. Estos números reflejan un diagnóstico equivocado desde el inicio de las negociaciones con el ELN, sin hoja de ruta clara ni líneas rojas que protegieran al Estado.
- Se aceptó discutir cambios políticos y económicos paso a paso, creando un cogobierno armado.
- Los ceses al fuego prematuros y sin monitoreo paralizaron a la Fuerza Pública, permitiendo la expansión de grupos armados.
- El grupo armado intermedió en la relación Estado-comunidades, debilitando la autoridad gubernamental.
La necesidad de una estrategia integral de seguridad y desarrollo
Para recuperar el territorio, no basta con la intervención militar; se requiere una acción integral del Estado que fomente el desarrollo económico y social. El gobierno ya ha creado herramientas como el Plan Nacional de Desarrollo y los Planes de Desarrollo con Enfoque Territorial en 170 municipios afectados por el conflicto. Sin embargo, estos instrumentos deben ser rescatados y utilizados como hojas de ruta reales para la seguridad.
Es ineludible devolver el monopolio de la fuerza a la Fuerza Pública, que actualmente opera con solo el 11% de su capacidad en inteligencia y el 19% en movilidad de tropas. Una paz rediseñada y una seguridad concebida de manera integral podrían ser la base del acuerdo nacional que busca Cepeda, orientado hacia un cambio pacífico.
Mientras tanto, Paloma Valencia debe reparar el honor mancillado de Iván Cepeda, cuyo trabajo político se ha centrado en la defensa de las víctimas. La estrategia de acusaciones sin pruebas no solo es éticamente cuestionable, sino que distrae de los verdaderos desafíos de seguridad y paz que enfrenta Colombia.



