Un país marcado por una década de inestabilidad política y una profunda desconfianza de su ciudadanía hacia la clase gobernante acaba de dar un nuevo paso en su turbulenta vida democrática. Luego de más de un mes de conteos, impugnaciones y audiencias públicas para revisar miles de actas, Perú conoció por fin los resultados definitivos de su primera vuelta presidencial, despejando el camino hacia una cita electoral que promete revivir uno de los enfrentamientos políticos más polarizantes de la historia reciente del país Inca.
El escrutinio total de los votos emitidos en la primera vuelta llegó al cien por ciento este viernes, confirmando lo que las proyecciones anticipaban desde semanas atrás. La candidata de derecha Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, resultó ser la más votada con el 17,18 por ciento de los sufragios válidos, equivalentes a 2.877.678 votos. El segundo lugar quedó en manos del izquierdista Roberto Sánchez, del partido Juntos por el Perú, quien obtuvo el 12,03 por ciento, con 2.015.114 apoyos. Ambos se enfrentarán en la segunda vuelta el próximo 7 de junio para definir quién gobernará el país andino durante el período 2026-2031.
Una diferencia mínima que generó controversia
El dato más llamativo del escrutinio fue el estrecho margen con el que Sánchez logró superar al ultraderechista Rafael López Aliaga, de Renovación Popular, quien quedó tercero con el 11,90 por ciento y 1.993.904 votos. Apenas 21.210 papeletas separaron al segundo del tercer lugar, una diferencia tan exigua que López Aliaga exigió a las autoridades electorales abstenerse de proclamar los resultados mientras no se atendieran sus reclamos. El candidato denunció, sin presentar pruebas, un fraude en su contra, argumentando los grandes retrasos que se presentaron en la apertura de colegios electorales en Lima, su principal bastión de votantes.
El proceso de escrutinio fue uno de los más prolongados en la historia electoral peruana, precisamente por ese ajustado margen en la definición del segundo finalista. Los sesenta jurados electorales especiales distribuidos por todo el país debieron revisar más de cinco mil actas impugnadas por distintas inconsistencias, lo que obligó a realizar extensas audiencias públicas para resolver cada una de las observaciones presentadas por los partidos. Una situación similar se había vivido en las segundas vueltas del 2016 y del 2021, donde el vencedor también se definió por poco más de cuarenta mil votos.
Otro dato que refleja el malestar generalizado de la ciudadanía peruana con su clase política es que los votos blancos y nulos sumaron el 16,84 por ciento del total de sufragios emitidos, es decir, 3.418.321 papeletas, una cifra superior a la obtenida por cualquier candidato en la contienda. Perú, además, batió un récord histórico al presentar 35 aspirantes presidenciales en estas elecciones, síntoma de la fragmentación y la desafección política que vive el país.
El duelo de debates: Chota versus Huaral
Con el camino a la segunda vuelta despejado, Fujimori y Sánchez ya comenzaron a cruzar declaraciones sobre la forma en que se enfrentarán antes de la votación del 7 de junio. La candidata fujimorista fue la primera en proponer que se realicen tres debates antes de esa fecha: uno entre los candidatos presidenciales, otro entre los aspirantes a vicepresidentes y un tercero entre los equipos técnicos de cada fórmula.
Sánchez aceptó la propuesta, pero puso como condición que el primer debate se celebre en Chota, provincia andina de la región Cajamarca, tierra natal del encarcelado expresidente Pedro Castillo, a cuyo nombre político compite Sánchez en estos comicios. Con esa exigencia, el candidato izquierdista intentó evocar el debate que en 2021 se realizó en ese mismo municipio, cuando Fujimori criticó abiertamente tener que desplazarse hasta allí para confrontar a Castillo, un momento que marcó negativamente su imagen en sectores rurales.
Fujimori rechazó la propuesta y contrapropuso que el debate se realice en Huaral, localidad costera ubicada a unos 150 kilómetros al norte de Lima y lugar de origen de Sánchez, o bien en el distrito capitalino de San Borja, donde actualmente residen ambos candidatos. La abanderada de Fuerza Popular le reprochó a su rival que no sea oriundo de Chota y que, a su juicio, solo busca replicar el libreto de 2021 apropiándose de la figura y los símbolos de Castillo.
La segunda vuelta del 7 de junio quedó planteada así como una reedición del enfrentamiento de 2021 entre las mismas fuerzas políticas. Fujimori, quien ha perdido las tres últimas elecciones en esa instancia, buscará revertir su historial. Sánchez, en cambio, apelará al voto rural y al respaldo que aún conserva Castillo entre quienes consideran que las élites políticas y económicas lo forzaron a su fallido intento de golpe de Estado en 2022.



