El crecimiento económico colombiano en 2025: Un resultado que deja más preguntas que respuestas
Esta semana, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) reveló las cifras oficiales del producto interno bruto correspondientes al cuarto trimestre y al total del año 2025. Los números presentan un balance agridulce que, si bien muestra cierta recuperación frente al año anterior, también expone profundas preocupaciones estructurales que amenazan el desarrollo futuro del país.
Las cifras positivas que esconden problemas de fondo
Durante el año pasado, la economía colombiana registró un crecimiento del 2,6 por ciento, una cifra superior al 1,5 por ciento reportado para 2024. Este desempeño fue impulsado principalmente por tres sectores: el comercio con un incremento del 4,6 por ciento, la administración pública con un 4,5 por ciento y el entretenimiento que mostró un notable crecimiento del 9,9 por ciento.
Según el análisis del Dane, este crecimiento se sustentó en gran medida en la demanda interna, el consumo de los hogares y, de manera preocupante, en un desbordado gasto público. Este último factor incluye modalidades cuestionables como los contratos por prestación de servicios, que han generado críticas por su posible derroche en burocracia.
En el frente laboral, la tasa de desempleo descendió al 8 por ciento en diciembre pasado, aunque este indicador mantiene un alto componente de informalidad que limita su impacto positivo. Paralelamente, se observó una recuperación en el dinamismo de actividades clave como las comerciales, las industrias, el sector agropecuario, el turismo y otros servicios.
Las fracturas estructurales que preocupan a los expertos
El Gobierno Nacional ha celebrado estos resultados, especialmente en un contexto electoral donde los indicadores económicos adquieren relevancia política. Sin embargo, el reporte del Dane refleja serias fracturas en la tendencia de crecimiento que viene mostrando la economía colombiana en los últimos años.
En primer lugar, tras un débil tramo final del año, el PIB nacional en 2025 resultó inferior a las proyecciones de analistas y expertos económicos. Las estimaciones para el presente año apuntan a una dinámica similar, lo que genera incertidumbre sobre la capacidad de recuperación sostenida.
Los años recientes se han caracterizado por desempeños económicos mediocres que no se corresponden con el potencial del aparato productivo nacional. Estos resultados son insuficientes para generar los cambios productivos y sociales que demanda la sociedad colombiana.
La alarmante caída de la inversión
Uno de los indicadores más preocupantes es el desplome de la inversión, que ha alcanzado los índices más bajos de los últimos veinte años. En el cuarto trimestre de 2025, la inversión cayó un 2,9 por ciento, cerrando el año en un preocupante 16 por ciento del PIB.
Esta situación es particularmente grave porque refleja una economía donde el Estado gasta incluso más de lo que recibe en inversión, una fórmula que imposibilita el desarrollo sólido y sostenible a largo plazo. Colombia necesita urgentemente transitar hacia una senda de crecimiento más equilibrada entre los distintos sectores productivos.
Disparidades sectoriales que exigen atención inmediata
Una segunda preocupación concierne a las marcadas disparidades entre diferentes sectores económicos. Mientras algunos muestran crecimiento, actividades cruciales para la economía nacional presentan retrocesos alarmantes.
La construcción, por ejemplo, se contrajo un 2,8 por ciento, mientras que la explotación de minas y canteras registró una caída del 6,2 por ciento. Estos sectores requieren acciones específicas del Gobierno para impulsar su reactivación, ya que son fundamentales para el desarrollo económico integral.
El sesgo ideológico contra industrias como la petrolera, la minería y la construcción ha infligido un daño inmenso al aparato productivo nacional, un daño que debería revertirse lo más pronto posible mediante políticas técnicas y responsables.
La urgencia de un nuevo modelo de crecimiento
La atracción de inversión privada constituye un motor que el país debe encender urgentemente utilizando todas las herramientas disponibles. Para lograrlo, se requiere no solo claridad y estabilidad en las reglas del juego en materia de impuestos y regulaciones, sino también un fortalecimiento de la seguridad jurídica, un mejoramiento de la confianza inversionista y una política económica responsable y técnica.
La discusión sobre el modelo de crecimiento económico que Colombia debe impulsar en los próximos años, incluyendo la ruta para salir de la grave crisis fiscal, tiene que adquirir un mayor protagonismo en el debate público y especialmente en la campaña presidencial. La ruta actual ha demostrado ser insuficiente y demanda ajustes drásticos que permitan un desarrollo más equilibrado y sostenible.
El balance del PIB 2025 sirve como una alerta temprana: mientras algunos indicadores muestran mejoría superficial, las bases del crecimiento económico colombiano presentan grietas profundas que requieren atención inmediata y soluciones estructurales.