Rezago presupuestal y gasto creciente: riesgo de crisis fiscal
Rezago presupuestal y gasto creciente: riesgo fiscal

El ritmo de ejecución del gasto público en el primer trimestre de 2026 ha encendido nuevas alertas sobre la viabilidad del ajuste fiscal del Gobierno colombiano, según un análisis del Observatorio Fiscal de la Universidad Javeriana. El informe señala que la combinación de rezago presupuestal y gasto sostenido mantiene vigente el riesgo sobre la sostenibilidad fiscal.

Ejecución presupuestal en marzo

Al cierre de marzo, las obligaciones del Presupuesto General de la Nación (PGN) alcanzaron los 109,6 billones de pesos, equivalentes al 20% del total aprobado para 2026, que asciende a 546,9 billones de pesos. Si se excluye el servicio de la deuda, la ejecución se ubica en 17,2%, en línea con el promedio histórico, pero por encima de los niveles observados desde 2023.

Este comportamiento sugiere que la ejecución sigue patrones tradicionales, lo que resulta difícil de conciliar con un ajuste fiscal exigente. Los expertos sostienen que mantener un ritmo de ejecución alineado con el promedio histórico puede ser consistente con la dinámica tradicional del gasto público, pero resulta difícil de compatibilizar con un ajuste fiscal exigente.

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Rezago presupuestal presiona la caja

Uno de los factores que más incide en este escenario es el rezago presupuestal acumulado de 2025, que asciende a 48,3 billones de pesos. De este monto, a marzo de 2026 ya se han pagado 24,2 billones, equivalentes al 49,5%, lo que implica que el Gobierno destina una parte significativa de sus recursos a cubrir compromisos del pasado.

Este fenómeno genera una presión directa sobre la liquidez del Estado, al obligar a financiar simultáneamente obligaciones rezagadas y el gasto del presupuesto vigente. En particular, el rezago en inversión, que alcanza 11,3 billones de pesos ejecutados, supera incluso lo que se ha invertido en proyectos del presupuesto de 2026, que asciende a 10 billones de pesos.

La situación evidencia un desbalance en la ejecución, donde los recursos se concentran en atender compromisos heredados, reduciendo el margen de maniobra para impulsar nuevas inversiones. Esta dinámica limita la capacidad del Gobierno para ajustar el gasto en línea con sus objetivos fiscales.

Gasto rígido y deuda limitan capacidad de ajuste

A este panorama se suma la estructura del gasto público, marcada por una alta rigidez. El componente de funcionamiento, que concentra 358,2 billones de pesos del presupuesto, registra una ejecución de 18,7%, impulsada por su carácter inflexible y por la concentración de transferencias y obligaciones permanentes del Estado.

Por su parte, el servicio de la deuda presenta el mayor ritmo de ejecución, con 32,6% de los 100,5 billones de pesos apropiados. Esto pone de manifiesto la prioridad que tiene el cumplimiento de estas obligaciones dentro del presupuesto, pero también reduce la capacidad del Gobierno para realizar ajustes en otros frentes.

En contraste, la inversión continúa rezagada, con una ejecución de apenas 11,3%. Este componente, que suele ser la principal variable de ajuste en escenarios de restricción fiscal, enfrenta además los efectos del rezago heredado de 2025, lo que agrava su bajo dinamismo. La combinación de estos factores refuerza las limitaciones estructurales del gasto público.

Ejecución sectorial revela desigualdades

El análisis por sectores también muestra una ejecución heterogénea que refleja las tensiones del presupuesto. Mientras sectores como Minas y Energía lideran con una ejecución de 26,6%, seguidos por Educación con 22,4% y Salud con 21,5%, otros presentan rezagos significativos, como Presidencia de la República con 4,7%.

Este comportamiento responde, en gran medida, a la composición del gasto en cada sector. Aquellos con mayor peso de funcionamiento tienden a ejecutar más rápido, mientras que los que dependen de inversión enfrentan mayores retrasos por los tiempos de planeación y contratación. Sin embargo, también evidencia diferencias en la capacidad de ejecución y en las prioridades del gasto público.

En comparación con el mismo periodo de 2025, la ejecución total muestra una leve mejora, pasando de 16,2% a 17,2%. No obstante, este avance no es homogéneo y está impulsado por algunos sectores específicos, lo que limita su impacto sobre el conjunto del presupuesto.

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Conclusiones del informe

El informe concluye que la combinación de un ritmo de ejecución sostenido, un rezago presupuestal significativo y restricciones en el frente de ingresos plantea serios desafíos para la sostenibilidad fiscal. Más que una señal de normalidad, el comportamiento del gasto a marzo introduce dudas sobre la capacidad del Gobierno para alinear su ejecución con los compromisos de ajuste fiscal.