Escándalo en España: trama mafiosa en Ferraz sacude al PSOE
Trama mafiosa en Ferraz sacude al PSOE

En España, la investigación judicial ha destapado un escándalo de corrupción que involucra a altos cargos del PSOE. Santos Cerdán, entonces Secretario de Organización del partido, y su asistente Leire Díez, ambos ya imputados, orquestaron maniobras que han causado asombro e indignación. La llamada fontanera, encargada de las cloacas del PSOE, mantenía el agua limpia y clara, pero no para otra cosa que no fuera limpiar. Cuando estalló el escándalo, Díez renunció y entregó una memoria USB con más de 2.000 documentos que, según ella, eran para una investigación periodística, pues pensaba publicar un libro.

Instituciones firmes frente a la corrupción

A pesar del deprimente panorama, las instituciones españolas resistieron el feroz embate de una banda criminal incrustada en la rama ejecutiva. La justicia penal, que Pedro Sánchez y la izquierda rechazan por represiva, mostró ser necesaria, sólida y eficaz. La Unidad Central Operativa de la Guardia Civil investigó y señaló irregularidades de su directora, compinche del gobierno que identificaba a los agentes a quienes hostigar. Ha sido una clara protección de la democracia y el Estado de derecho.

Lecciones desde Colombia

La lógica de las instituciones formales sólidas es simple: si un autócrata corrupto soborna subalternos, los servidores públicos no codiciosos se negarán a torcerse. Esta dinámica virtuosa se observó en Colombia durante el Gobierno del Cambio, donde personas honestas cumplieron su deber sin someterse al jefe ni renunciar. Lo mismo ocurrirá si persiste la pataleta presidencial para desconocer el resultado electoral: se acatarán los escrutinios, con ruidosas pero inocuas rabietas. La machacada constituyente también seguirá los procedimientos legales.

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Sectarismo y servilismo

Malcolm Deas argumentó que Colombia no ha sido militarista pero sí ha padecido rachas de intenso sectarismo. El Gobierno del Cambio corrobora la hipótesis: no fue militarista pero sí provocadoramente sectario. Surge la inquietud de qué tanto se pueden estirar la lealtad y el servilismo sin perder la dignidad. Bajo el gobierno del PSOE, el líder siempre ha decidido cómo responder a la prensa ante una crisis. La fontanera y sus cloacas han sido el máximo atentado a la transparencia. A pesar de que existen fotografías del jefe supremo abrazando a Díez, el pasado 5 de junio afirmó con cinismo: nunca he conocido ni se me ha informado sobre las andanzas de Díez, porque si se me hubiera informado no las hubiera tolerado. La ministra portavoz leyó la misma declaración. Así, el servilismo deja dos opciones: aferrarse a un papelito para leerlo o arrastrarse y balbucear, como ya han hecho ministros.

Registro minucioso de las tramas

Una característica insólita de las tramas corruptas es la obsesión por registrar minuciosamente todas las movidas. En España, en el caso Gürtel, un ex concejal del PP grabó 20 horas de conversaciones, y el tesorero mantuvo una contabilidad paralela. En la operación Kitchen también hubo grabaciones. En los escándalos sanchistas, Koldo García grabó unas 2.500 horas de charlas, y Díez mantenía libretas de todas las reuniones y llamadas. La lógica es obvia: paraguas ante traiciones, chantajes o negociación en caso de caer. En Colombia, esta costumbre no ha sido común; los sabuesos estatales y periodistas asumen la responsabilidad de acopiar pruebas. La sensación de total impunidad parece haber sido suficiente.

Por último, la costumbre de leer papelitos también puede surgir del ánimo de preparar litigios para el lawfare o defenderse.

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