La segunda vuelta electoral en Colombia no ha girado en torno a propuestas o programas de gobierno, sino que se ha transformado en un escenario de acusaciones mutuas. Sin embargo, iniciar pleitos no es suficiente para demostrar capacidad de gobernar. Más allá de las disputas, esta contienda se ha convertido en un examen sobre la gestión del presidente Gustavo Petro y en una decisión sobre si el país desea continuar con el rumbo actual o corregirlo. La principal dificultad para Iván Cepeda no es su adversario, sino lo que él mismo representa.
El peso del gobierno Petro
De acuerdo con los resultados de la primera vuelta y las encuestas, se anticipa una derrota para Cepeda. El miedo que ha intentado generar hacia su oponente no le alcanza para ganar. En los votantes de centro, que han sobrevivido a la polarización, ha despertado más rechazo que entusiasmo en una contienda puramente emocional. Cepeda no ha logrado presentarse como heredero y alternativa al mismo tiempo. Al reivindicar al gobierno, asume sus errores, su mala gestión, la corrupción y el desgaste. Si toma distancia, corre el riesgo de perder su base electoral. La mayoría lo ha visto, a través de los trinos del presidente, como un subalterno en un proceso que busca elegir a un gobernante, no a un empleado.
Un ambiente emocional y cansancio ciudadano
El proceso electoral se ha caracterizado por un ambiente más emocional que racional o empírico. Se siente el cansancio frente a la confrontación permanente, los hechos de corrupción y la falta de logros tangibles del gobierno Petro. Muchos ciudadanos anhelan menos sofismas y más gestión; menos discursos y más resultados; menos polarización y más soluciones concretas. Con ese clima de opinión, a pesar de una intervención del gobierno sin precedentes en la historia del país, comprometiendo todos los recursos públicos en la campaña, Cepeda perdió y perderá las elecciones.
Evaluación de la gestión de Petro
Al votar, los colombianos están evaluando la gestión y los resultados de Petro. Hacen un balance de promesas y realidades, entre las que destacan la crisis del sistema de salud, la inseguridad, una evidente desinstitucionalización y un manejo económico caracterizado por un endeudamiento sin límites. Existe un problema conceptual común a Petro y Cepeda: su propuesta política se centra en la redistribución de la riqueza sin explicar cómo se genera esa riqueza. La experiencia internacional demuestra que ningún país puede endeudarse para siempre. Se trata de los límites de la propuesta populista, que hipoteca a los países al límite en lugar de trabajar y prosperar.
El fracaso de la Paz Total
La llamada “Paz Total”, de la cual Cepeda ha sido promotor y defensor a ultranza, merece un capítulo aparte. Presentada como la gran apuesta para pacificar el país, terminó convertida en una estrategia que otorgó ventajas políticas y militares a grupos armados sin exigir resultados proporcionales para la sociedad. Los colombianos han constatado el fortalecimiento territorial de organizaciones criminales, el incremento de extorsiones, confinamientos, reclutamiento de menores y ataques contra la población civil. Por eso, para muchos electores, la Paz Total es sinónimo de catástrofe.
Rendición de cuentas y blindaje
La democracia exige rendición de cuentas. Los gobernantes deben responder por sus decisiones, excesos y errores. La sensación que percibe buena parte de la ciudadanía es que el notorio interés de Petro en la continuidad política ofrecida por Cepeda busca “blindar” al actual presidente. Muchos colombianos consideran que Petro necesita un sucesor dispuesto a impedir que se revisen con rigor las actuaciones de su administración.
¿Quién gobernará realmente?
A esto se suma otra inquietud: Petro seguirá siendo la figura dominante del llamado Pacto Histórico. La pregunta que muchos ciudadanos se hacen es sencilla: si Cepeda llega a la Casa de Nariño, ¿quién tomará realmente las decisiones? No hace justicia calificar como Pacto a una organización en la que una sola persona decide a conveniencia. No existen pactos unipersonales. En una democracia, el único jefe del presidente es el pueblo, basado en la ley de mayorías, no un expresidente con ínfulas de caudillo que gobierne desde las sombras. Los colombianos han aprendido, a través de la experiencia latinoamericana, que los proyectos personalistas rara vez abandonan voluntariamente el poder, como en las dictaduras venezolana, nicaragüense o el régimen cubano. Se enquistan durante décadas, arrastrando a sus países al desastre.
El resultado anticipado
El resultado electoral que se puede anticipar no es consecuencia de las acusaciones de Cepeda sobre su contradictor ni del fantasma del uribismo que invoca permanentemente. Se trata de lo que los ciudadanos tienen más fresco en su memoria emocional: la inseguridad, el deterioro fiscal, la crisis de la salud, los escándalos de corrupción, la confrontación permanente y una Paz Total que prometió pacificar al país consiguiendo el resultado contrario. En ese balance, para la mayoría, como se ha observado en la primera vuelta y en las encuestas, a Cepeda no le alcanza.



