En un lapso de 36 horas durante la última semana, Colombia reportó cuatro masacres en los departamentos de Cauca, Valle del Cauca, Putumayo y Norte de Santander, zonas con altos índices de violencia. Con estos hechos, se contabilizan 46 masacres en lo que va de 2026, convirtiéndolo en el año más violento de la última década, con 192 víctimas fatales.
Detalles de las masacres
El martes 21 de abril se registró la primera masacre en la vereda La Cabaña, municipio de Guachené, Cauca. Según Indepaz, hombres armados irrumpieron en una vivienda y asesinaron a tres personas: Germán Campo y dos hombres conocidos como ‘Alvarado’ y ‘Papi’.
Ese mismo día, en Jamundí (Valle) y Suárez (Cauca), fueron hallados los cuerpos de cuatro jóvenes secuestrados por el frente Jaime Martínez, de las disidencias de las Farc.
El miércoles 22 de abril, en el barrio La Ciudadela de Mocoa, Putumayo, cinco jóvenes fueron asesinados. Las víctimas identificadas son John Javier González Suárez, Fabián Andrés Idrobo, Jheison Francisco Ordóñez Hoyos y Janer Albeiro Quinchoa; una persona permanece sin identificar.
En la noche del jueves 23 de abril, en Cúcuta, Norte de Santander, hombres con armas largas mataron a cuatro personas que estaban en una casa. Al parecer, las víctimas habían sido seguidas desde el Catatumbo, región donde se disputan el control el frente 33 de las disidencias de ‘Calarcá’ y el ELN.
Análisis de expertos
Leonardo González, director de Indepaz, señaló que estos hechos reflejan la continuidad del pico de violencia que se intensificó a finales del año pasado, en territorios donde los grupos armados buscan imponer su control o disputan zonas con otros actores ilegales. González agregó que la violencia no es episódica, sino una dinámica sostenida que se ha intensificado en varios momentos.
Entre 2016 y 2019, las masacres se mantuvieron en niveles relativamente bajos (42, 33, 39 y 51 respectivamente), coincidiendo con la implementación inicial del Acuerdo de Paz con las Farc. Sin embargo, a partir de 2020 la cifra se duplicó a 91, lo que para González muestra la consolidación de nuevas dinámicas de control territorial y disputa armada.
Laura Bonilla, subdirectora de la Fundación Pares, explicó que hay un reposicionamiento de grupos armados, tanto viejos (ELN, Clan del Golfo, disidencias) como nuevos, que buscan mayor control territorial de economías lícitas e ilícitas. Estos grupos ejercen control mediante el 'disciplinamiento' de la población, y las masacres sirven para generar castigo o disciplina. Para ellos, cualquier civil que acepte el control de un competidor se convierte en enemigo, por lo que muchas víctimas son civiles.
Contexto y tendencias
El aumento de masacres en 2026 refleja una tendencia que va más allá de picos coyunturales. Según Indepaz, la violencia se ha intensificado en 14 puntos críticos del país, donde el orden público está estallado. La disputa por territorios y economías ilegales sigue siendo el motor principal de estos crímenes.



