Preso francés revela torturas y simulacros de juicio en cárceles venezolanas
Francés relata torturas y simulacros de juicio en cárceles de Venezuela

"Manchas de sangre y bolsas en la cabeza": preso francés relata el horror en cárceles venezolanas

Un profesor de yoga francés de 41 años, Camilo Castro, ha decidido romper el silencio sobre los cinco meses que estuvo detenido en Venezuela tras ser acusado de espionaje. Liberado desde noviembre, su testimonio revela un panorama desolador dentro de los centros de detención venezolanos, donde describe amenazas de tortura, simulacros de juicio y castigos inhumanos.

El inicio del calvario en la frontera

Castro, quien residía en Colombia, intentó renovar su visa saliendo del país. El 26 de junio de 2025, al amanecer, llegó a la frontera con Venezuela donde fue detenido inmediatamente. "Comenzó el calvario", afirmó el hombre, quien fue trasladado por "hombres encapuchados" hasta Maracaibo.

Allí fue recluido en lo que describe como "una cárcel construida en un estacionamiento", un subsuelo con paredes húmedas, baños en estado lamentable, cucarachas y heces acumuladas. Lo que más impactó fueron las "muchas manchas de sangre en las paredes" y una mesa con objetos asociados a tortura: botellas de agua, trapos, bolsas plásticas, gas lacrimógeno e insecticida.

Acusaciones de espionaje y traslados forzados

Al día siguiente, fue interrogado por un agente de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM). El funcionario no creyó su historia de ser profesor de yoga y lo acusó directamente de espionaje. "Me dice que voy a pasar muchos años preso, que soy un espía. Me dice que tiene la forma de 'abrirme' y que le pagan para eso", relata Castro.

Posteriormente fue trasladado por carretera hasta Caracas, donde permaneció detenido en un sótano "en el piso, esposado y encapuchado" durante cinco días completos. Tras ese periodo, cuando le permitieron salir al sol por primera vez, lo describió como "uno de los más hermosos recuerdos de mi vida".

La vida en la cárcel de El Rodeo 1

Luego fue enviado a la cárcel de El Rodeo 1, donde encontró a otros detenidos políticos y extranjeros. A pesar de las palabras de apoyo iniciales, las condiciones eran extremadamente difíciles:

  • Poca comida y acceso limitado al agua (solo dos veces al día)
  • Enfermedades constantes como diarrea, infecciones en la garganta y pulmones
  • Baños insalubres (un simple hueco en el piso)
  • Olor permanente que no desaparecía

Además, dentro del penal se difundía música folklórica venezolana a alto volumen y propaganda de inspiración socialista durante varias horas a la semana.

Humillaciones nocturnas y simulacros de juicio

Castro afirma que las humillaciones eran frecuentes, especialmente durante la noche. "Muy a menudo nos humillaban en la noche. Nos sacaban a todos en fila india, esposados y con capucha. Nos insultaban", describe.

Los interrogatorios, consultas médicas y simulacros de juicio se realizaban sistemáticamente en horario nocturno. "Son verdaderos vampiros. Lo hacen para quebrarnos (...) nunca se puede descansar de verdad", expresó con amargura.

En los simulacros de juicio, fue acusado de terrorismo y de ser agente de la CIA y la DEA. También fue sometido a interrogatorios con polígrafo, donde le repetían "las mismas cuatro preguntas durante horas".

El temido cuarto piso y métodos de tortura

El profesor francés describe el temor constante de ser llevado al cuarto piso, zona de castigo donde los detenidos eran esposados, a veces desnudados, sin colchonetas y obligados a dormir en el suelo. "Allí muchas veces se torturaba a la gente", afirmó categóricamente.

Entre los métodos de tortura menciona:

  1. Palizas brutales
  2. Asfixia con gases lacrimógenos o insecticida en bolsas plásticas sobre la cabeza
  3. Humillaciones verbales y risas de los guardias durante los tormentos
  4. Posibilidad de intubación forzada bajo el argumento de alimentación

Cuando quiso protestar para recibir libros ofrecidos por el consulado francés, otro preso con 20 años de detención lo disuadió: "Te van a torturar. En un minuto te destruyen el cuerpo, y en cinco minutos destruyen la existencia. Olvídate de los libros".

Secuelas emocionales y llamado a la conciencia

En libertad desde noviembre, Camilo Castro reconoce que aún enfrenta secuelas emocionales profundas. "Hoy estoy bien, pero mañana no. Puede ser que en 30 segundos me ponga a llorar. Resisto gracias a la meditación, al amor de mis amigos y de mi familia", confiesa.

Su decisión de hablar públicamente tiene un propósito claro: visibilizar la situación de "los cientos de venezolanos que aún están presos" y dar a conocer lo que, según su testimonio, ocurre dentro de esos centros de detención. Su relato describe ese periodo como un tiempo de "asco, odio y rencor", pero también "de amor, de esperanza, de compasión con todo un pueblo".