La muerte en la modernidad: un cambio de perspectiva necesario en la sociedad colombiana
La muerte en la modernidad: un cambio de perspectiva necesario

La muerte en la modernidad: un cambio de perspectiva necesario en la sociedad colombiana

En la actualidad, la sociedad colombiana se enfrenta a un replanteamiento profundo sobre uno de los temas más complejos de la existencia humana: la muerte. La llamada modernidad nos está obligando a considerar este fenómeno desde una mirada diferente, alejándonos de los tabúes tradicionales y acercándonos a conversaciones más abiertas y necesarias.

Casos que abren el diálogo

Recientemente, situaciones como el fallecimiento de Aura Lucía Mera y la grave condición de salud de Francisco Piedrahita han contribuido significativamente a esta reflexión colectiva. Estos eventos nos están impulsando a revisar conceptos arraigados sobre la muerte, una tarea que, aunque compleja, resulta profundamente sanadora para la sociedad.

Además, historias como la de Noelia, la joven española, y Catalina Giraldo, la psicóloga colombiana, quienes solicitaron permiso para realizarse un suicidio asistido, han abierto las puertas para colocar la muerte como tema central de conversación y análisis en nuestro país.

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De tabú a tema de conversación

Así como ocurrió hace años con el tema de la sexualidad, donde se despejaron velos de oscurantismo, hoy parece que ya no hay razón para esconder la muerte como tema prohibido. La muerte está definitivamente sobre el tapete en la sociedad colombiana, exigiendo ser abordada con honestidad y valentía.

La modernidad nos presenta dos realidades ineludibles:

  • Primero, la muerte no está tan lejana como quisiéramos creer, y pensar que imaginarla distante la hace desaparecer es un engaño.
  • Segundo, no son solo los otros quienes mueren. Todos estamos en la misma fila, y debemos sentar a la muerte en nuestra mesa cotidiana para dialogar con ella.

El cambio de paradigma cultural

Durante mucho tiempo, en la cultura occidental y particularmente en Colombia, fue la religión la que tuvo la palabra final sobre la muerte. Se hablaba de designios divinos, de la vida como un regalo o una desgracia, y se negaba el poder individual para disponer de ella. Sin embargo, el mundo sigue girando, y nuevos casos jurídicos en diferentes partes del planeta están abriendo puertas sobre temas como:

  1. El sentido de la vida y la muerte
  2. La salud y el sufrimiento
  3. Los derechos individuales sobre la propia existencia

La complejidad del sufrimiento

Desde una mirada sistémica, los sufrimientos de personas como Noelia o Catalina no son solo individuales, sino que muy posiblemente obedecen al sistema familiar y social. Esto hace más complejos los procesos, especialmente cuando se cree que las enfermedades mentales son exclusivamente individuales. Revisar la familia significa revisar la sociedad, una tarea nada fácil pero necesaria.

Surgen preguntas fundamentales que la sociedad colombiana debe enfrentar:

  • ¿El cuerpo es solo un empaque?
  • ¿Dónde reside la conciencia?
  • ¿La vida debe prolongarse indefinidamente para complacer a quién?
  • ¿Hay que sufrir incondicionalmente y por qué razón?

Ejemplos de coherencia y valentía

Para Aura Lucía Mera, un agradecimiento infinito por su coherencia, construida con sudor y lágrimas. Gracias a sus posturas personales, que flexibilizaron críticas y juicios, muchas personas han tenido, tienen y tendrán una mejor vida. Su ejemplo demuestra que ser diferente es un don, no un delito.

Igualmente valiente ha sido la decisión de Francisco Piedrahita y su familia de aceptar procesos irreversibles con la tranquilidad de poder decir, a nombre de Pacho, misión cumplida. Estas actitudes contribuyen a humanizar nuestra relación con la muerte.

Hacia una humanidad más humana

No hay una única respuesta sobre la muerte, y permitir que diferentes miradas aporten perspectivas es contribuir a hacer una humanidad más humana. La conexión entre unos y otros, permitiendo la diferencia, es un proceso enriquecedor y respetuoso que Colombia necesita abrazar.

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La muerte ya no puede seguir tomándonos por sorpresa como si no supiéramos que va a llegar. Es momento de atravesar las puertas que se están abriendo y encontrar respuestas que, aunque puedan hacer tambalear estructuras tradicionales, nos acerquen a una comprensión más compasiva y realista de nuestra existencia.