El Ministerio de la Igualdad desaparece: un sueño truncado para las mujeres colombianas
Ministerio de la Igualdad desaparece: sueño truncado para mujeres

El ocaso de una promesa: la desaparición del Ministerio de la Igualdad

El tan anunciado Ministerio de la Igualdad, que en la práctica nunca llegó a convertirse en la cartera para las mujeres que se había prometido, desaparecerá oficialmente el próximo 20 de junio. Esta fecha marca el fin jurídico de una institución que generó grandes expectativas pero que, según analistas y activistas, terminó diluyendo las necesidades específicas de las mujeres colombianas.

Una lucha de décadas que terminó en frustración

¿Cuántas décadas les costó a las mujeres colombianas conseguir al menos un viceministerio dedicado a sus necesidades? Esta pregunta resuena con especial fuerza hoy, cuando el movimiento feminista ve cómo se desvanece un logro que costó generaciones de activismo. Las defensoras de derechos femeninos siguen luchando por espacios que deberían ser garantías estatales, no favores concedidos.

Lo paradójico del caso es que cuando finalmente se logró crear una estructura institucional para las mujeres, estas quedaron diluídas entre múltiples poblaciones vulnerables, todas con necesidades urgentes pero distintas. Como señalan las expertas, en materia de derechos no se pueden mezclar peras con manzanas: la realidad de una mujer acosada en el transporte público de Bogotá difiere radicalmente de la de una indígena nasa en Toribío, Cauca.

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Un sueño que nació en La Habana y murió en Bogotá

Los orígenes de este ministerio se remontan a 2015, durante las negociaciones de paz entre las FARC y el gobierno de Juan Manuel Santos. En reuniones paralelas en La Habana, con participación del movimiento de mujeres, organizaciones feministas y acompañamiento de Naciones Unidas, se gestó colectivamente la idea de un Ministerio de las Mujeres.

En un encuentro trascendental liderado por Belén Sanz Luque, entonces representante de ONU Mujeres en Colombia, y organizaciones como la Ruta Pacífica, Casa de la Mujer, Sisma Mujeres y No Es Hora De Callar, se diseñaron los lineamientos para transformar la Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer en una entidad con mayor peso institucional.

Esta promesa movilizó una gran porción del voto femenino en 2022 hacia Francia Márquez, quien llegó a la vicepresidencia con la bandera de crear la entidad. Sin embargo, el resultado final distó mucho de las expectativas: ni fue un ministerio para las mujeres ni incluyó adecuadamente al movimiento que había construido este sueño desde los años setenta.

Lo que queda y lo que se pierde

La actual cartera, que será liquidada en junio, mantiene un viceministerio de las Mujeres que ha protegido contra viento y marea logros históricos como la línea 155, creada durante la consejería de Cristina Plazas en 2013. Este servicio, potenciado en los últimos dos años por profesionales como Clara Valdez, representa uno de los pocos legados positivos de una entidad que ha tenido cuatro ministros en poco tiempo, incluida la propia vicepresidenta Márquez.

La desaparición del ministerio genera preguntas urgentes:

  • ¿Qué pasará con el Viceministerio de las Mujeres?
  • ¿A dónde irán los programas que finalmente comenzaban a funcionar?
  • ¿Cómo se atenderán las alarmantes cifras de violencia de género?

Según el Sistema Nacional de Vigilancia en Salud Pública (Sivigila), en 2025 se registraron 158.074 casos de violencia de género, la segunda cifra más alta en la última década. De estas víctimas, el 75,7% fueron mujeres, un dato que evidencia la urgencia de políticas específicas.

Un final anunciado y una deuda pendiente

La Corte Constitucional estableció el 20 de junio como fecha límite para la existencia jurídica del ministerio. Aunque teóricamente podría salvarse mediante un proyecto de ley, los tiempos legislativos hacen inviable esta opción. Dentro de la institución ya comenzaron los acuerdos para el proceso de liquidación, marcando el fin de un capítulo frustrante para el movimiento feminista.

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Queda una inmensa deuda con las mujeres colombianas y la preocupación de que, una vez más, sus necesidades queden postergadas. Como señala Jineth Bedoya Lima desde No Es Hora De Callar, "el sueño no puede simplemente morir", pero su supervivencia requerirá un nuevo capítulo de lucha y movilización.

La desaparición del Ministerio de la Igualdad representa más que el cierre de una entidad: es el símbolo de una promesa incumplida para la mitad de la población colombiana, que sigue esperando que el Estado asuma plenamente su responsabilidad en materia de equidad de género.