La persistente exclusión femenina en las mesas de paz mundial
La ausencia de mujeres en las fotografías oficiales de negociaciones de paz se ha convertido en una constante preocupante a nivel global. Desde la cumbre de Sharm El-Sheikh en Egipto hasta las conversaciones en la Casa Blanca, la representación femenina brilla por su escasez en los espacios donde se decide el futuro de países en conflicto.
Datos alarmantes sobre participación femenina
Según los últimos informes de ONU Mujeres, apenas una de cada diez negociaciones de paz incluyó a mujeres durante 2024. Esta cifra resulta especialmente preocupante cuando se contrasta con otro dato revelador: la inclusión femenina en mesas de diálogo eleva en un 20% la probabilidad de que un acuerdo de paz dure al menos dos años, y aumenta en un 35% las posibilidades de que supere los quince años.
Flavia Mwangovya, directora regional adjunta de Amnistía Internacional para África Oriental, reflexiona sobre esta paradoja: "Es preocupante la hipermasculinidad en la política global porque significa que, pese a todos los años de lucha por la igualdad de género, el lugar de la mujer en la toma de decisiones, en los procesos diplomáticos y en los procesos de paz sigue estando muy socavado".
El caso colombiano: lideresas enfrentando múltiples obstáculos
En Colombia, Yolanda Málaga, lideresa indígena y autoridad tradicional wounaan del departamento del Chocó, enfrenta diariamente el machismo estructural y las amenazas de grupos armados. "Muchos hombres me decían que una mujer no está para liderar, sino solamente para la cocina, para criar, para los quehaceres", relata esta mujer que ha decidido alzar la voz junto a otras mujeres para sacar adelante a sus comunidades.
Elisabeth Moreno, coordinadora del Foro Interétnico Solidaridad Chocó y Premio Nacional de Derechos Humanos, coincide en que el primer obstáculo es precisamente ese "machismo estructural" que se combina con amenazas constantes y marginalidad. "En muchos espacios tenemos que callar por el miedo que genera hablar de más, visibilizar masacres, crímenes o desplazamientos", explica esta mujer afrocolombiana.
Sudán: mujeres en primera línea humanitaria
Mientras el Ejército sudanés y las Fuerzas de Apoyo Rápido se disputan el territorio, la supervivencia diaria de la población recae sobre las mujeres. Ellas lideran las Salas de Respuesta de Emergencia, asegurando que la gente siga comiendo y recibiendo atención médica. Sin embargo, este rol humanitario no las protege; al contrario, las convierte en objetivos prioritarios.
"Están siendo arrestadas, desaparecidas y sufriendo violencia sexual simplemente por estar en la primera línea. Están pagando el precio más alto", denuncia Mwangovya sobre la situación en Sudán.
Más allá del estereotipo de víctimas
La experta de Amnistía Internacional advierte contra la reducción de las mujeres a meras víctimas: "Las mujeres enfrentan asesinatos, destrucción de su propiedad y violencia sexual, es cierto, pero no se puede minimizar su papel a eso. Son maestras, educadoras y, a veces, también combatientes... Olvidamos que las mujeres también empuñan armas".
Esta visión integral es fundamental, según Mwangovya, porque "impide mirar a la sociedad de forma más integral y holística". El hecho de que las mujeres sean fundamentales para que las sociedades avancen pese a las guerras es precisamente lo que las sitúa "mejor posicionadas para estar en la mesa y decidir cuál es el futuro de nuestros países".
La violencia de guerra como exacerbación de violencias preexistentes
Mwangovya señala una conexión crucial: "La violencia que estalla en la guerra es una exacerbación de la que ya existía en paz. Siempre hay violencia doméstica y feminicidios. Solo que ahora, debido a la ruptura del Estado de derecho, el contexto permite que ocurra más... Pero esa violencia siempre estuvo allí".
Por esta razón, la activista keniana insiste en que "es importante que cuando nuestras sociedades están en una situación de estabilidad, sigamos luchando por la igualdad de todos".
Rendición de cuentas como camino hacia la paz real
Para responder a la pregunta "¿Dónde están las mujeres cuando se negocia la paz?", Mwangovya señala una vía imprescindible: acabar con la impunidad. "Muchos procesos de paz consisten en apretones de manos y no resuelven realmente los problemas de fondo, como la impunidad y la rendición de cuentas", critica.
Y añade: "Si solo haces tratos políticos para un alto el fuego, sigues dejando atrás a niños, mujeres y personas con discapacidad". La paz real, concluye, no es solo el silencio de los fusiles, sino que pasa por justicia y también por educación política.
"Priorizar la rendición de cuentas envía el mensaje de que no puedes violar a un grupo particular, salirte con la tuya y esperar que un acuerdo de paz simplemente pase página", sentencia la directiva de Amnistía Internacional.
Ante este panorama global, la consigna de las mujeres que luchan por participar en los procesos de paz es clara: "Si no te dan un lugar en la mesa, construye la tuya propia". Como afirma Mwangovya, "tenemos que exigir un lugar y eso significa organizarse a nivel comunitario, nacional y regional".



