Mujeres sostienen Colombia pero su poder de decisión sigue limitado en política y economía
Mujeres sostienen Colombia pero su poder decisión sigue limitado

El país que las mujeres sostienen pero no deciden completamente

En Colombia existen millones de mujeres que diariamente cargan sobre sus hombros el peso del país: trabajan incansablemente para mantener a sus familias, cuidan a quienes dependen de ellas y organizan meticulosamente la vida cotidiana de sus hogares. Además, toman decisiones económicas fundamentales y mantienen en pie sociedades enteras con su esfuerzo constante.

La realidad demográfica y el liderazgo invisible

Según las últimas estadísticas del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), Colombia cuenta con aproximadamente 27,19 millones de mujeres, lo que representa el 51,2% de la población total del país. Un dato revelador muestra que casi la mitad de los hogares colombianos, específicamente el 46,5%, tienen jefatura femenina, demostrando cómo ellas lideran y toman decisiones en el ámbito doméstico y familiar.

Sin embargo, esta realidad contrasta dramáticamente con su presencia en los espacios donde se definen los destinos nacionales. Muchas de estas mujeres subsisten en condiciones de precariedad económica, y su liderazgo rara vez se traslada a los escenarios donde se decide el rumbo político y económico del país.

El 8M: una fecha que incomoda y revela desigualdades persistentes

Cada 8 de marzo, cuando se conmemora el Día Internacional de la Mujer, resurgen los discursos sobre igualdad y los reconocimientos formales. Esta fecha particularmente incómoda nos recuerda que los derechos de las mujeres nunca llegaron por generación espontánea y que muchos de ellos permanecen en disputa constante. La realidad colombiana demuestra que estamos considerablemente lejos de alcanzar una verdadera equidad de género.

Este año, la conmemoración coincide significativamente con un proceso electoral crucial: Colombia se prepara para elegir nuevo Congreso y participar en consultas presidenciales. Esta convergencia entre memoria histórica y ejercicio democrático transforma inevitablemente la conversación nacional, porque hablar de mujeres en política implica ir más allá de contar cuántas marchan o votan, para cuestionarnos cuántas realmente deciden y cuántas nos representan auténticamente.

La brecha en espacios de poder político y económico

Al observar quiénes ocupan los espacios de decisión en política, economía o el mundo empresarial, esa mayoría demográfica femenina no se refleja con proporcionalidad alguna. Para las elecciones legislativas actuales, aproximadamente el 38% de las candidaturas inscritas en listas al Senado y Cámara corresponden a mujeres, mientras que la representación actual muestra que solo el 29% de las curules del Congreso están ocupadas por mujeres.

Aunque este porcentaje constituye el más alto en la historia del país, todavía se mantiene muy distante de reflejar la composición real de la sociedad colombiana.

Esta brecha preocupante se replica sistemáticamente en otros espacios de poder decisorio. En las juntas directivas de las empresas más grandes e influyentes del país, la participación femenina continúa siendo marcadamente minoritaria, sin alcanzar siquiera el 25%. Esta situación evidencia claramente cómo el acceso a los lugares de mayor influencia y decisión permanece profundamente desigual.

Desigualdades económicas y laborales persistentes

Las disparidades se extienden también al ámbito económico y laboral:

  • Las mujeres colombianas ganan en promedio 12,9% menos que los hombres por realizar trabajos equivalentes
  • A pesar de tener mayor participación educativa, enfrentan una tasa de participación laboral significativamente menor
  • Los niveles de desempleo afectan desproporcionadamente a las mujeres (13,8%) comparado con los hombres (8,7%)
  • Las microempresarias venden 39,9% menos que sus pares masculinos: por cada 100 pesos que generan los negocios liderados por hombres, aquellos dirigidos por mujeres producen apenas 60 pesos

El trabajo invisible: cuidado no remunerado y sus consecuencias

Parte fundamental de esta desigualdad estructural se explica por una realidad que frecuentemente queda excluida del debate público: las mujeres colombianas continúan dedicando muchas más horas al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado que los hombres. En el mejor de los casos, ellas destinan 7,5 horas diarias a estas labores, mientras ellos apenas alcanzan las 3 horas.

Este trabajo invisible pero esencial limita severamente el tiempo disponible para que las mujeres puedan participar activamente en política, emprender proyectos propios o escalar profesionalmente. Constituye una barrera silenciosa pero poderosa que perpetúa las desigualdades.

Hacia una democracia verdaderamente representativa

Por estas razones, además de cuestionarnos cuántas mujeres logran acceder a cargos públicos -aspecto ciertamente importante-, resulta urgente revisar las condiciones estructurales que permitirían a todas ejercer su liderazgo en los distintos ámbitos de la vida nacional.

En una coyuntura decisiva como la actual, resulta fundamental comprender que la democracia debe trascender el espacio meramente electoral para convertirse en un reflejo auténtico de quienes tienen real poder para decidir en condiciones de igualdad sustantiva. Colombia es, en buena medida, el país que las mujeres sostienen con su trabajo diario. La deuda pendiente como sociedad es garantizar que también puedan decidir colectivamente su futuro.