La ONU declara la esclavitud como el peor crimen contra la humanidad y plantea reparación para pueblos afro
En una decisión histórica que marca un punto de inflexión global, la Organización de las Naciones Unidas reconoció oficialmente la trata racializada de personas africanas con fines de esclavización como el peor crimen de lesa humanidad en la historia de la humanidad. Esta resolución, aprobada el pasado 25 de marzo durante el día conmemorativo de las víctimas de la esclavitud, surgió de una iniciativa presentada por un bloque de 60 países de África, América Latina y el Caribe.
Los países proponentes argumentaron que ningún otro sistema esclavista duró cuatro siglos completos ni estableció un "régimen mundial que codificó seres humanos y sus descendientes como propiedad hereditaria, enajenable y perpetua". La votación reveló una clara división geopolítica con 123 naciones apoyando la resolución, principalmente del sur global, mientras que 52 países se abstuvieron, incluyendo la mayoría de las naciones europeas.
Los tres países que votaron en contra y el significado de la abstención europea
Solo tres naciones se opusieron abiertamente a la declaración: Estados Unidos, Argentina e Israel. Estados Unidos, el segundo país que recibió más africanos esclavizados y donde persisten manifestaciones de violencia racista institucionalizada; Argentina, conocido por implementar estrategias de blanqueamiento social y negacionismo cultural; e Israel, que defiende la singularidad del Holocausto judío.
La abstención del bloque europeo resulta particularmente significativa, considerando que estas naciones fueron responsables directas de idear y perpetrar las atrocidades contra los pueblos africanos como mecanismo de enriquecimiento mientras explotaban y empobrecían sus colonias tanto en África como en Abya Yala (América).
Implicaciones actuales: reconociendo un sistema racializado persistente
La resolución de la ONU va más allá del reconocimiento histórico al establecer que las personas negras continúan sufriendo las consecuencias de vivir en un sistema racializado de trabajo, propiedad y capital. Este reconocimiento oficial tiene implicaciones profundas para países como Colombia, donde las comunidades afrodescendientes enfrentan desigualdades estructurales persistentes.
La decisión establece acciones integrales de reparación que incluyen:
- Una disculpa formal por parte de los estados responsables
- Medidas concretas de restitución
- Indemnización a las víctimas y sus descendientes
- Garantías de no repetición de tales crímenes
- Modificaciones legislativas para combatir el racismo sistémico
- Programas educativos y sociales específicos
La polémica sobre la reparación histórica: entre la incomprensión y la falta de empatía
Precisamente en el tema de la reparación histórica se concentra la mayor controversia. Muchos sectores consideran que las demandas de reparación son "quejas sin fundamento" de africanos y sus descendientes en la diáspora, argumentando que la esclavitud es un hecho del pasado cuya responsabilidad no corresponde a las generaciones actuales.
Esta postura revela una profunda incomprensión sobre los alcances de la ideología racista instaurada para justificar la esclavización, la cual permanece presente en la conciencia colectiva de las sociedades contemporáneas. Como señala la comunicadora social afrocolombiana Edna Liliana Valencia, experta en estudios afrolatinoamericanos, esta resistencia no es simple ignorancia histórica sino "falta de empatía producto de un sistema educativo cómplice del desconocimiento generalizado acerca de los horrores de la esclavización".
El desafío colombiano: ¿estamos preparados para la reparación?
Para Colombia, país con una significativa población afrodescendiente que supera los 4 millones de personas según el último censo, esta resolución de la ONU plantea desafíos concretos. La pregunta central que emerge es si la sociedad colombiana está preparada para asumir procesos de reparación histórica que impliquen:
- Reconocimiento pleno del daño histórico causado
- Cuestionamiento de privilegios racializados establecidos
- Implementación de políticas transformadoras concretas
- Revisión crítica del sistema educativo nacional
- Transformación de estructuras económicas y sociales
Como concluye Valencia, "ahora nos toca también a nosotros hacer la pedagogía", refiriéndose a la necesidad de que las comunidades afrodescendientes lideren procesos educativos que permitan a la sociedad comprender que el racismo no es un fantasma del pasado sino una realidad presente que afecta diariamente a quienes heredaron el fenotipo subsahariano y sus ricas culturas.
La resolución de la ONU marca así no solo un hito histórico sino el inicio de un camino complejo hacia la justicia racial, donde Colombia tiene la oportunidad de liderar procesos de reparación que podrían convertirse en referente para toda América Latina.



