La Violencia Sexual: Una Crisis que No Termina con la Agresión
Durante años, he escuchado historias que comienzan con frases repetidas como un eco: “No sabía a dónde ir” o “tenía mucho miedo de decir lo que me hicieron”. Como trabajadora humanitaria en Médicos Sin Fronteras (MSF), he acompañado a mujeres, niñas, adolescentes, hombres y personas LGBTQI+ que han sobrevivido a la violencia sexual. He aprendido que la violencia no termina cuando ocurre la agresión: continúa cuando el Estado no garantiza las condiciones y los recursos necesarios para asegurar una atención médica oportuna, integral, de calidad, confidencial y libre de estigma para todas las personas sobrevivientes.
Fallas Estructurales que Prolongan el Sufrimiento
La violencia persiste cuando una puerta está cerrada, cuando un servicio no funciona de noche o cuando vives lejos y no tienes un lugar cercano para pedir ayuda. Ocurre, además, cuando un servidor público en una ventanilla duda del testimonio, juzga o cuestiona a la persona sobreviviente. En América Latina, sobrevivir a una agresión sexual no garantiza recibir atención médica inmediata. Lo vemos en proyectos de MSF en Ciudad de México, Tapachula, Ciudad Juárez, Reynosa, Matamoros y Coatzacoalcos.
La violencia sexual ocurre en el tránsito migratorio, pero también dentro de las relaciones de pareja, en el núcleo familiar y en espacios cotidianos que deberían ser seguros. No distingue edad, estatus migratorio o situación económica, pero sí profundiza las vulnerabilidades de las víctimas y tiene efectos devastadores. Cuando el sistema falla, la violencia se prolonga y se intensifica.
La Crítica Ventana de las 72 Horas
Existe una ventana crítica de atención después de una agresión sexual. 72 horas pueden marcar la diferencia entre prevenir o no una infección por VIH y hepatitis, accediendo a profilaxis post exposición. 120 horas permiten acceder a anticoncepción de emergencia para evitar un embarazo no deseado, y hasta seis meses para diagnosticar y curar enfermedades de transmisión sexual como sífilis. Lamentablemente, solo una minoría logra llegar a las atenciones médicas dentro del plazo inicial de 72 horas.
En 2025, en las actividades de MSF, atendimos a 261 casos de personas sobrevivientes de violencia sexual. Sin embargo, solo 23 casos, es decir, el 8,8 %, fueron atendidos durante las 72 horas posteriores a la agresión. Perder esta ventana no es un descuido individual, es parte de una falla estructural que se demuestra cuando:
- Los servicios no están disponibles las 24 horas.
- No hay personal capacitado, especializado y sensibilizado.
- La atención está fragmentada entre salud, protección y justicia.
La Atención Digna como Clave para la Recuperación
La violencia sexual es una urgencia médica. Y como toda urgencia, no puede esperar a que amanezca, no puede depender del turno de alguien más, no puede quedar sujeta a prejuicios. La atención oportuna no sólo previene infecciones, enfermedades o embarazos no deseados, sino también reduce el impacto del trauma, evita nuevas formas de violencia y salva vidas.
Mi trabajo me ha permitido ser testigo de la importancia de una atención digna. Cuando una persona sobreviviente es recibida sin preguntas que juzgan, cuando se le explica cada procedimiento con respeto, cuando puede decidir sobre su propio cuerpo, algo cambia. En medio del dolor, recupera una parte de su autonomía y poder.
Pero también he visto lo contrario: cómo el estigma hiere por segunda vez, cómo la desconfianza institucional hace que muchas personas nunca regresen a solicitar servicios públicos, cómo el silencio se convierte en la única opción cuando el sistema no escucha. Los 261 casos detectados por MSF son solo una fracción de una realidad más amplia, pero revelan fallas urgentes: acceso tardío a una respuesta médica y brechas en la respuesta institucional.
Un Llamado a la Responsabilidad Estatal
Este 8 de marzo, no quiero hablar solo de cifras, quiero hablar de responsabilidad. Necesitamos que el Estado garantice una atención médica oportuna en casos de violencia sexual, con servicios disponibles las 24 horas, insumos médicos esenciales asegurados y personal capacitado en protocolos clínicos sensibles. Se requiere un enfoque centrado en la persona sobreviviente, con una oferta de servicios que responda a las distintas necesidades, realidades y contextos.
No garantizar una atención eficaz, integral y de calidad también constituye la cadena de violencia que viven las personas sobrevivientes. La lucha contra la violencia sexual exige compromisos concretos y acciones inmediatas para transformar un sistema que hoy falla a quienes más lo necesitan.



