Amaranta Hank expone la realidad del machismo en el Congreso colombiano
Alejandra Omaña, conocida como Amaranta Hank, oficializó su candidatura al Senado por el Pacto Histórico desde el año pasado, generando un impacto significativo en el tablero político interno. En una entrevista exclusiva con Publimetro Colombia, la periodista y aspirante legisladora abordó las persistentes dinámicas de género que caracterizan los pasillos del Congreso, ofreciendo una crítica profunda y una visión compleja sobre cómo las mujeres enfrentan las agresiones diarias en el ámbito legislativo.
La carga emocional y la percepción del acoso
"Es una opinión personal y puede generar incomodidad... uno evalúa la situación de acoso dependiendo del contexto... no todo lo es", afirmó Hank durante la conversación. La candidata reveló cómo la carga emocional y la rutina alteran radicalmente la manera en que se reciben los acercamientos no deseados por parte de colegas masculinos.
"Hay ocasiones donde yo me siento un poco vulnerable, donde vengo agobiada porque todo el día tengo casos de violencia y cualquier mínimo movimiento machista para mí se convierte en una situación de acoso", explicó con franqueza. En contraste, señaló que en días de mayor estabilidad emocional no clasifica estas mismas actitudes como acoso directo, sino como un "desastre" del comportamiento masculino habitual.
La delgada línea entre hostilidad y denuncia
Esta perspectiva pone sobre la mesa una realidad crítica en la participación política femenina en Colombia. Como se ha mencionado frecuentemente, el peso de calificar y enfrentar la violencia de género sigue recayendo principalmente en la resistencia psicológica de las víctimas. El hecho de que una mujer deba blindarse emocionalmente para transitar espacios de representación evidencia un riesgo latente y sistemático.
La gravedad de las violencias machistas y el acoso sistemático no dependen exclusivamente de la fortaleza individual de quien los sufre en un día determinado. Hank ilustró esta realidad con ejemplos concretos del trato condescendiente que enfrentan las mujeres políticas a diario.
La falsa familiaridad que invalida el rol político
"Tengo dos nombres, ¿cuál te gusta más? Amaranta o Alejandra. No me llamo ni 'mi amor', ni 'bebecita', porque te acabo de conocer hace cinco minutos y no me interesa ese nivel de confianza contigo", sentenció la candidata con firmeza. Aclaró que este tipo de invasiones se replican constantemente en el entorno legislativo y terminan por camuflarse como "incómodos momentos" en lugar de ser señalados como violencias directas.
El respeto profesional en las reuniones es frecuentemente reemplazado por lo que puede interpretarse como una falsa familiaridad que invalida sistemáticamente el rol político de las mujeres. Esta dinámica, según Hank, contribuye a normalizar comportamientos que deberían ser cuestionados y erradicados.
Un ultimátum al Pacto Histórico para las elecciones legislativas
De cara a las próximas elecciones legislativas del 8 de marzo, Omaña exige una reestructuración discursiva y práctica dentro de su propio partido. Para la candidata, las promesas de equidad no pueden quedarse en los eslóganes de campaña, sino que deben traducirse en acciones concretas y cambios estructurales.
"Tenemos que revaluar ese progresismo, porque el progresismo también tiene que reconstruir las bases machistas. Tiene que revaluarse y ser muy incluyente con las mujeres, con los feminismos y con las diversidades", afirmó con contundencia la candidata al Senado.
La autonomía corporal como eje central de su propuesta
Su aspiración legislativa tiene como eje fundamental recuperar la autonomía sobre el cuerpo y el derecho a vivir el placer sin culpa. Según su análisis, los debates estructurales sobre la libertad corporal en Colombia están estancados e, incluso, han registrado retrocesos preocupantes en los últimos años.
Esta situación pretende revertirla si logra consolidar su escaño en las próximas elecciones legislativas. Hank enfatiza que la verdadera inclusión requiere de una transformación profunda que vaya más allá de las declaraciones públicas y se materialice en políticas concretas y en cambios culturales dentro de las instituciones políticas.
La candidata concluye que el camino hacia la equidad real exige no solo reconocer las problemáticas, sino implementar mecanismos efectivos para combatir el machismo estructural que persiste en los espacios de poder colombianos.