La paz ausente en los discursos de campaña electoral
En el diseño de los mensajes para las próximas campañas electorales, los estrategas políticos están calculando cuidadosamente evitar cualquier postura clara sobre el "Acuerdo para el Final del Conflicto" firmado con las FARC en 2016. Este acuerdo, por mandato constitucional, debe completar su periodo obligatorio de implementación durante el próximo gobierno, pero los equipos de campaña prefieren no mencionar los numerosos compromisos que permanecen incumplidos.
Los temas silenciados del proceso de paz
Los asesores políticos recomiendan activamente no abordar varios aspectos críticos del proceso de paz:
- La entrega de tierras, que ha ocurrido en una proporción muy inferior a lo comprometido originalmente
- La reincorporación de más de tres mil excombatientes y sus garantías de seguridad
- Los problemas persistentes con las CITREP (Circunscripciones Transitorias Especiales de Paz)
- Los planes de desarrollo territorial que no se han materializado adecuadamente
- La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), considerada "terreno minado" políticamente
La lógica electoral sugiere que hablar del acuerdo de paz "ya no pegó" entre los votantes, por lo que los candidatos prefieren cambiar completamente de página y enfocarse exclusivamente en el tema de seguridad.
La seguridad como eufemismo político
La seguridad se ha convertido en el primer tema de preocupación ciudadana, recogido fielmente por los estrategas en sus focus groups. Los ciudadanos repiten la palabra como un mantra para nombrar la amenaza de los grupos criminales, pero este enfoque se ha convertido en un lugar común que permite a los candidatos evitar profundizar en lo que realmente significa la implementación del acuerdo de paz.
Esta negación sistemática del tema de paz tiene consecuencias graves. Cualquier sociedad que emprende un proceso de paz no tiene escapatoria de sus compromisos. La profundidad de la tragedia acumulada y la obligación moral de superarla se vuelven imperativos, especialmente cuando es evidente que la falta de implementación real ha creado una nueva versión del proceso de violencia.
Los riesgos de no implementar completamente
Los acuerdos de paz que no se traducen en efectos reales para las comunidades provocan un alto índice de reedición del conflicto. En lugar de enfatizar en esta tarea pendiente esencial, el discurso político actual solo habla de seguridad, evitando así la discusión sustantiva sobre cómo garantizar una paz duradera.
Es importante hacer una salvedad: no se está hablando aquí de la "Paz Total" del gobierno de Gustavo Petro, que sigue siendo un tema vigente no solo por la oposición de la derecha, sino porque su inconveniencia representa un diagnóstico de consenso entre muchos sectores. Esos intentos de sometimiento, según analistas, nunca debieron llamarse de esa manera.
La paz regresa al debate político
Sin embargo, hay malas noticias para los candidatos que pretenden evitar el tema: la paz está de vuelta en el ruedo político. El mundo del Pacto Histórico representa a las víctimas, los territorios afectados, los derechos humanos y las expectativas de inclusión e igualdad. Esta visión de paz tiene amplia aceptación social y, lo más importante para los políticos, tiene votos.
Para la campaña del uribismo, oponerse al proceso de paz seguirá siendo su acertijo principal, su desafío constante, su daga política y su bandera ideológica. Y el proceso que sugiere ajustes a la implementación de la paz también es significativo y cuenta con apoyo electoral.
El debate sobre la paz, reeditado en su versión 2026, parece inevitable a pesar de los intentos de los estrategas por evitarlo. La sociedad colombiana tendrá que enfrentar nuevamente esta discusión fundamental para su futuro.



