Iván Cepeda: el candidato que llega tarde a los debates presidenciales
El señor candidato Iván Cepeda, quien actualmente lidera las encuestas de intención de voto para la presidencia de Colombia, ha generado noticia por un hecho que en otros contextos democráticos sería considerado normal: su anuncio de participación en los debates presidenciales. Sin embargo, este gesto llega en un momento particularmente tardío de la contienda electoral.
Una campaña con ventajas desbalanceadas
Es comprensible la enorme confianza que manifiesta Cepeda en la coyuntura actual, especialmente cuando el propio Presidente de la República impulsa diariamente su campaña, en lo que constituye un evidente incumplimiento de las normas electorales establecidas en nuestra república. El candidato ha podido darse el lujo de conducir una campaña con pocas emociones, evitando casi por completo las entrevistas con medios de comunicación y sin asistir a debates durante las semanas cruciales de la recta final.
El tiempo durante las campañas electorales es un recurso invaluable que transcurre con velocidad extraordinaria. Mientras los candidatos que no cuentan con el apoyo desproporcionado del aparato estatal sienten cada minuto de presión, la campaña de Cepeda opera con ventajas significativas.
La ironía de la "revolución ética"
Resulta particularmente irónico, y representa un desafío directo para la ciudadanía colombiana, que mientras la campaña del candidato oficialista habla constantemente de una supuesta revolución ética, recibe simultáneamente un apoyo desbalanceado desde la burocracia oficial. Este respaldo se manifiesta a través de las redes sociales del presidente Petro, la cobertura preferencial en medios públicos y la simpatía casi obligatoria de miles de contratistas estatales.
Con estas condiciones, resulta considerablemente más fácil evadir las preguntas incómodas del periodismo independiente y de los demás contendores políticos. Y ahora, cuando se aproxima inexorablemente el día de las votaciones, Cepeda anuncia finalmente que asistirá a los debates presidenciales, casi como si se tratara de un favor personal que le concede a la democracia colombiana.
Un calendario electoral inconveniente
Si consideramos que durante la última semana de campaña los candidatos tienen prohibida la participación en eventos públicos, el anuncio de Cepeda se produce cuando solamente resta un mes para organizar foros y debates con los candidatos. Esta situación contrasta marcadamente con el esfuerzo de otros participantes, quienes llevan meses asistiendo sistemáticamente a conversatorios y eventos públicos, buscando conquistar cada voto de opinión posible.
Mientras sus competidores han mantenido una presencia constante ante la ciudadanía, Cepeda se ha permitido el cuestionable lujo de responder a periodistas y contendores políticos únicamente durante el último mes de campaña. Como si este "gran favor" de participar en debates no fuera suficiente, en varias declaraciones públicas el señor Cepeda ha insistido en establecer reglas y condiciones específicas para su asistencia a estos espacios democráticos.
Preguntas pendientes y silencios elocuentes
Naturalmente, estas condiciones parecen orientarse hacia la creación de entornos donde se minimicen las preguntas incómodas. A cualquier candidato oficialista, independientemente de su país o línea ideológica, debe exigírsele claridad absoluta sobre los escándalos del gobierno que busca continuar. Resulta inaceptable que un candidato que pretende dar continuidad al proyecto de Petro pretenda evitar preguntas sobre los numerosos errores y controversias de su administración.
Existen múltiples temas críticos que requieren respuestas contundentes:
- Los pactos criminales en el marco de la Paz Total
- La gestión cuestionable de la UNGRD
- La iniciativa de constituyente populista que ha apoyado durante años
- Numerosos otros asuntos de interés nacional
Si aspira genuinamente a gobernar una nación democrática y plural, lo mínimo que debe ofrecer a la ciudadanía son respuestas claras sobre estos temas fundamentales. El señor Cepeda se encuentra entre los candidatos presidenciales que menos entrevistas ha concedido en contiendas electorales recientes, y la ciudadanía tiene pleno derecho a exigirle explicaciones, aunque su prolongado silencio ya ofrece indicios reveladores sobre sus posturas reales.
El país enfrentaría una situación de fundamentalismo extremo si diversas fuerzas políticas -uribistas, antiuribistas, verdes, santistas y progresistas- no logran unirse frente a un candidato que abiertamente propone reescribir la Constitución de 1991 según los designios demagógicos de su proyecto político particular. La democracia colombiana merece candidatos que se presenten ante el escrutinio público desde el inicio, no solo cuando les conviene en la recta final.



